¡Cómo se contradicen los defensores del TLC!
Por
Pedro López Juiz
Ya cuando nosotros los arroceros pensábamos que el tema TLC Ecuador-EEUU estaba muerto, por lo menos mientras el Econ. Rafael Correa fuera presidente del Ecuador, el Monstruo de Mil Cabezas levanta una de ellas y comienza nuevamente a balbucear incoherencias. Y esto de veras es lamentable y penoso, puesto que el tiempo ha agudizado la demostración de cuán viles y endebles han sido sus mentiras y contradicciones.
Una contradicción que últimamente llama mucho la atención es el rechazo por parte de los agro-exportadores y sus aliados intelectuales a los subsidios ofrecidos a dichos empresarios por el gobierno del Presidente Correa en el caso que Estados Unidos no condescienda a otorgarle a Ecuador esa migaja chantajista llamada ATPDEA.
Sorprende enormemente los comentarios al respecto provenientes del ex Jefe Negociador del TLC Manuel Chiriboga. Desde su nueva tarima Observatorio de Comercio, el cual dirige y donde lo acompañan varios ex funcionarios del gobierno de Lucio Gutiérrez, Manuel Chiriboga expresa con respecto a dicha promesa de ayuda gubernamental que “lo primero que puede pasar sería que los países miembros del Organización Mundial del Comercio (OMC) cataloguen a la medida como una práctica desleal”. Adicionalmente especifica que “esta acción introduciría al país en un litigio en este organismo, que puede generar sanciones de tipo arancelario para productos que ingresen al mercado, por ejemplo europeo, como son el banano, el brócoli, las flores, etc.”
Analicemos esto, y veamos cómo es el tiempo y la mala memoria. Recordemos esa ardua batalla contra el TLC cuando los opositores querían ablandar nuestros argumentos brindándonos ¿qué? Precisamente lo que ellos ahora rechazan. ¡Subsidios! El mismo Manuel Chiriboga inclusive era uno de los principales voceros de los subsidios para los agricultores de ciclo corto, arroceros, maiceros, y soyeros, y para los ganaderos. Jefe negociador nacional de aquel entonces, Chiriboga presentó un denominado “Programa de apoyo a la agricultura”, por medio del cual se destinarían 24 millones de dólares para los maiceros, dos millones para los agricultores de soya, 44 millones para los arroceros, y 24,5 millones para los ganaderos. Pero lo más interesante del caso es que este proyecto del señor Chiriboga era un castillo en el aire para confundirnos y engañarnos a nosotros productores de granos y a los ganaderos, puesto que dicho proyecto carecía de bases sólidas de financiamiento y además tras su aprobación podría desaparecer en breve tiempo. Pero primero el proyecto tenían que ser aprobado por el Congreso ecuatoriano—lo cual no iba a ocurrir ya que de antemano afectaría al sector social, el cual se sustenta con el dinero del Feirep (fondo al cual se destinan los recursos obtenidos por el excedente de la venta de petróleo—gracias a la gestión y obra del ex Ministro de Economía Rafael Correa, recuerden--y del cual provendrían los recursos para los mencionados subsidios al agro). Y para colmo, funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas aseveraron desconocer el programa, difundido por el Ministerio de Agricultura e ideado por Manuel Chiriboga, a través del cual se pretendía entregar la gran suma de120 millones de dólares en subsidios a nuestros agricultores y ganaderos. El ex Jefe Negociador tuvo hasta la desfachatez de proponer el pedido de préstamos internacionales para cubrir esos subsidios—medida que contribuiría en perjudicar el desarrollo del país puesto que lo endeudaría aún más y lo convertirá en un mayor dependiente de las finanzas internacionales.
Pero aquellos eran otros tiempos cuando el zapato estrecho nos tocaba ponernos a nosotros. Ahora que a los agro-exportadores y su comitiva les pertenece probarse ese mismo angosto calzado, parece que no les gusta, y hasta Manuel Chiriboga, su defensor a ultranza, sale con su espada literaria encendida desde la Torre de Marfil llamada Observatorio de Comercio a guerrear, aunque con apagados e irrisorios argumentos, contra la oferta de subsidios por parte del gobierno actual.
Pero ¡se les cayó la careta! Sus mentiras, incoherencias, e hipocresías son asquerosa y contundentemente obvias. Ya no engañan a nadie, y a los agricultores menos.
Modestia aparte, yo prácticamente predije este escenario. En un artículo mío titulado “TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios” y publicado en bilaterals.org el 17 de febrero de 2006, señalé:
“Las matemáticas son frías, pero los negociadores ecuatorianos quieren tapar el sol de los números con un dedo. ¡Qué absurdo que quieren darnos 120 millones de dólares a los arroceros, maiceros, soyeros y ganaderos, cuando el costo por las pérdidas de las preferencias arancelarias del ATPDEA serían sólo 20 a 25 millones de dólares, según las cifras del mismo Banco Central! Ese monto obviamente es menor que los subsidios que los negociadores prometen desembolsar a favor de los sectores sensibles del agro ecuatoriano. Entonces me pregunto: “¿Por qué no les prometen los 20 ó 25 millones de dólares, incluso hasta más, a los llorones multimillonarios agro-exportadores beneficiados por el actual ATPDEA, no para que no pierdan (porque ganan mucho, como por ejemplo, los floricultores, los cuales gozan de una utilidad de entre un 30% a 40% sobre las ventas, de manera que en el caso de ellos la ausencia de un ATPDEA no les haría ni cosquilla), sino para que sigan ganado gloriosamente como siempre y se le sequen las penosas lágrimas?” (Y al mismo tiempo recordemos que tales subsidios se harían, en el caso de la no firma de un TLC, desde una caja fiscal no afectada por pérdidas arancelarias.) La respuesta es fácil: los agro-exportadores no son idiotas (en el buen sentido de la palabra que le da Joyce de Ginatta a ese epíteto en sus conferencias) y saben perfectamente bien que tales promesas son ficciones de oportunistas, que son un amague, un finteo, una trampa, sólo para aquellos humildes ciudadanos susceptibles a las mentiras y los subterfugios, a cual grupo ningún agro-exportador pertenece.”
Pero ya dejamos todos nosotros de ser susceptibles a las mentiras y los subterfugios. Ahora que ellos caminen con nuestras sandalias y experimenten las peripecias de la vida cuando no se tiene cogido el sartén por el mango.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Prensa: primer culpabable de la prohibición de la exportación del arroz
Prensa: primer culpable de la prohibición de la exportación del arroz
Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que aguanta la pata. Este es el caso con la resolución ministerial de prohibir la venta de arroz hacia el vecino país colombiano. La Prensa aguijoneó tanto al gobierno con respecto al alza de precio de los productos clásicos de la canasta básica ecuatoriana, en particular, el arroz, lo asustó tanto con las repercusiones políticas y electorales posibles sobre el pueblo consumidor, es decir, inyectó tanta sensibilidad al tema que llevó al Ministro de Agricultura Carlos Vallejo a resolver detener las exportaciones de la gramínea hacia la nación del norte. Y esto, con toda la honestidad del caso, ha sido un tamaño “error no forzado” por parte del gobierno en el tenis político-económico ecuatoriano.
En el tenis se distinguen los errores de los “errores no forzados”. ¿Qué es un “error no forzado” en dicho deporte? Aquel que se comete por “nerviosismo”. Y esto es lo que ha sucedido aquí. Can gran astucia la Prensa metió tanta leña en el fuego de la subida de precios de la canasta básica que le alteró los nervios al gobierno y trastornó su pensar. El gobierno actual es un gran defensor de los intereses del sector agrícola, especialmente, el de los campesinos y pequeños y medianos agricultores. Pero la Prensa exageró las cosas, las puso bajo una tremenda lupa para generar la chispa que comenzará el incendio. Ahora los verdaderos arroceros estamos pagando las consecuencias del morbo periodístico.
También contribuyó con algo de combustible para el flagelo una agrupación de “industriales”, los cuales de repente y curiosamente han desarrollado una profunda animadversión hacia los empresarios arroceros colombianos que han venido al país para comprar y llevar nuestra gramínea a su país. ¡Lo que es el tiempo y la mala memoria! Recuerdo que hace sólo un tiempito atrás estos mismos “industriales” (y digamos la “plena”: algunos de ellos no son ni eso, sino meros comerciantes o comisionistas ecuatorianos que presumen ser capitanes de grandes industrias puertas afuera para el consumo mediático) tendían una espesa alfombra roja al empresariado colombiano arrocero, lo invitaban a dormir en sus casas, y hasta fungían servilmente de chóferes para los movimientos turísticos de sus huéspedes dentro del país.
Pero lo que pasaba era que en aquellos tiempos dorados estos señores colombianos les compraban a dichos industriales (y no tan industriales) ecuatorianos. Ahí los colombianos eran buenos. Ahora que el importador colombiano decidió extirpar la intermediación e incursionar “derechito” al campo y comprar directamente, “pelo a pelo”, al agricultor, y a mejores precios de lo que compraban los industriales criollos, los vecinos del país norteño se convierten para sus antiguos aliados en persona non grata. Es más, de la forma más desfachatada y desleal, estos ciudadanos ecuatorianos acusan a sus colegas colombianos de facilitar “el ingreso de dólares de dudosa procedencia” y de crear “una distorsión en los precios del arroz, arrastrando a la industria ecuatoriana a una crisis y a un futuro desabastecimiento interno.” Si esto es cierto, cuando los ilustres industriales ecuatorianos intermediaban para los “acusados”, ¿no se convertían los partícipes nacionales en cómplices de las “fechorías” de estos extranjeros?
En resumen, diríamos que el Gobierno nunca debió haberle hecho caso a la Prensa ni haber le escuchado a un minúsculo grupo de industriales que hoy por hoy sufren hipócritamente de una xenofobia fuertemente enraizada en la envidia. Ambas entidades distorsionaron la verdad y propiciaron el “error no forzado” del Gobierno que atenta contra el libre comercio, la unión económica entre países hermanos, y el bienestar y desarrollo del sector productor arrocero ecuatoriano. Ahora lo único que puede hacer el Gobierno es rectificar, porque nunca es tarde si la dicha es buena. No sería mala idea convertirse de repente en un Roger Federer y meter un fuerte saque por la “T” o centro y propinar un “ace” ganador. Derogar inmediatamente la medida prohibitoria de la exportación del arroz sería el golpe ideal y vencedor.
Pedro López
Presidente
Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que aguanta la pata. Este es el caso con la resolución ministerial de prohibir la venta de arroz hacia el vecino país colombiano. La Prensa aguijoneó tanto al gobierno con respecto al alza de precio de los productos clásicos de la canasta básica ecuatoriana, en particular, el arroz, lo asustó tanto con las repercusiones políticas y electorales posibles sobre el pueblo consumidor, es decir, inyectó tanta sensibilidad al tema que llevó al Ministro de Agricultura Carlos Vallejo a resolver detener las exportaciones de la gramínea hacia la nación del norte. Y esto, con toda la honestidad del caso, ha sido un tamaño “error no forzado” por parte del gobierno en el tenis político-económico ecuatoriano.
En el tenis se distinguen los errores de los “errores no forzados”. ¿Qué es un “error no forzado” en dicho deporte? Aquel que se comete por “nerviosismo”. Y esto es lo que ha sucedido aquí. Can gran astucia la Prensa metió tanta leña en el fuego de la subida de precios de la canasta básica que le alteró los nervios al gobierno y trastornó su pensar. El gobierno actual es un gran defensor de los intereses del sector agrícola, especialmente, el de los campesinos y pequeños y medianos agricultores. Pero la Prensa exageró las cosas, las puso bajo una tremenda lupa para generar la chispa que comenzará el incendio. Ahora los verdaderos arroceros estamos pagando las consecuencias del morbo periodístico.
También contribuyó con algo de combustible para el flagelo una agrupación de “industriales”, los cuales de repente y curiosamente han desarrollado una profunda animadversión hacia los empresarios arroceros colombianos que han venido al país para comprar y llevar nuestra gramínea a su país. ¡Lo que es el tiempo y la mala memoria! Recuerdo que hace sólo un tiempito atrás estos mismos “industriales” (y digamos la “plena”: algunos de ellos no son ni eso, sino meros comerciantes o comisionistas ecuatorianos que presumen ser capitanes de grandes industrias puertas afuera para el consumo mediático) tendían una espesa alfombra roja al empresariado colombiano arrocero, lo invitaban a dormir en sus casas, y hasta fungían servilmente de chóferes para los movimientos turísticos de sus huéspedes dentro del país.
Pero lo que pasaba era que en aquellos tiempos dorados estos señores colombianos les compraban a dichos industriales (y no tan industriales) ecuatorianos. Ahí los colombianos eran buenos. Ahora que el importador colombiano decidió extirpar la intermediación e incursionar “derechito” al campo y comprar directamente, “pelo a pelo”, al agricultor, y a mejores precios de lo que compraban los industriales criollos, los vecinos del país norteño se convierten para sus antiguos aliados en persona non grata. Es más, de la forma más desfachatada y desleal, estos ciudadanos ecuatorianos acusan a sus colegas colombianos de facilitar “el ingreso de dólares de dudosa procedencia” y de crear “una distorsión en los precios del arroz, arrastrando a la industria ecuatoriana a una crisis y a un futuro desabastecimiento interno.” Si esto es cierto, cuando los ilustres industriales ecuatorianos intermediaban para los “acusados”, ¿no se convertían los partícipes nacionales en cómplices de las “fechorías” de estos extranjeros?
En resumen, diríamos que el Gobierno nunca debió haberle hecho caso a la Prensa ni haber le escuchado a un minúsculo grupo de industriales que hoy por hoy sufren hipócritamente de una xenofobia fuertemente enraizada en la envidia. Ambas entidades distorsionaron la verdad y propiciaron el “error no forzado” del Gobierno que atenta contra el libre comercio, la unión económica entre países hermanos, y el bienestar y desarrollo del sector productor arrocero ecuatoriano. Ahora lo único que puede hacer el Gobierno es rectificar, porque nunca es tarde si la dicha es buena. No sería mala idea convertirse de repente en un Roger Federer y meter un fuerte saque por la “T” o centro y propinar un “ace” ganador. Derogar inmediatamente la medida prohibitoria de la exportación del arroz sería el golpe ideal y vencedor.
Pedro López
Presidente
Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
sábado, 16 de junio de 2007
El por qué los arroceros, soyeros y maiceros debemos apoyar a Rafael Correa
El por qué los arroceros, soyeros y maiceros debemos apoyar a Rafael Correa
Con el Economista Rafael Correa, el TLC con EEUU va al tacho de basura de la historia
El por qué los arroceros, soyeros y maiceros debemos apoyar a Rafael Correa
Por
Pedro López Juiz
Presidente de la Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Ya es hora de comenzar a tomar decisiones serias con respecto a las próximas elecciones presidenciales del Ecuador y al candidato que los arroceros, soyeros y maiceros vamos a respaldar. Éste es uno de los años más cruciales para el país en toda su historia. Se debate la soberanía de la nación. Está en riesgo el futuro del Agro ecuatoriano. El imperialismo amenaza al país, por dentro y por fuera, con seguir cortándole las venas para perpetuar el desangre de sus recursos naturales agotables. En otras palabras, en estas elecciones, o saltamos al abismo del nuevo colonialismo impuesto por el Coloso del Norte o resolvemos valientemente tomar un rumbo distinto hacia nuevos modelos que aseguren mejores días para el pueblo ecuatoriano con equidad, justicia e independencia.
De todos los candidatos que han surgido en el horizonte electoral ecuatoriano para la actual contienda presidencial, el que más idóneamente representa los ideales mencionados y el que más firmemente defiende los intereses de nuestro agricultor es indudablemente el Economista Rafael Correa. El Economista Correa no ha mostrado ninguna ambigüedad o doble discurso cuando ha tenido que pronunciarse con respecto a temas candentes como el TLC con EE.UU. o la Oxy. Todo lo contrario: en todas sus intervenciones en la palestra pública, se ha comprobado como un legítimo patriota y un ardiente amante de la justicia, la reivindicación social, y la soberanía.
En el “Foro de Candidatos a la Presidencia de la República,” las posturas de cinco presidenciables se transparentaron. De allí podemos concluir que ya está más claro que nunca que él único que anda sin tapujos ni vueltas con lo que respecta el futuro del Ecuador y el futuro del Agro ecuatoriano es Rafael Correa.
En particular, fue contundentemente sincero en su postura en contra del TLC. Minutos antes, León Roldós acababa de aseverar que él convocaría a una Consulta Popular para dejar que el pueblo se manifieste sobre el Tratado de Libre Comercio. Una declaración de esta naturaleza por parte del candidato Roldós es ambigua, engañosa, y peligrosa, porque no sabemos cuán clara o confusa será la pregunta puesta por Roldós en la Consulta sobre el Tratado de Libre Comercio ni cuán fuertes serán la publicidad y la propaganda contratadas por los poderes económicos que manejan a su gusto los medios de comunicación, especialmente los televisivos, y que quieren el TLC a toda costa, aunque dicho acuerdo nos barra a nosotros los arroceros, soyeros, y maiceros del mapa agrícola. En cambio, Rafael Correa no titubeó en contestar que no perdería el tiempo en convocar tal Consulta sino que, asumiendo la Presidencia, inmediatamente echaría el TLC al tacho de basura de la historia.
Estas palabras de Rafael Correa, compañeros arroceros, soyeros y maiceros, conjuntamente con sus planes de reactivación para el Agro ecuatoriano, no sólo nos dan tranquilidad y esperanza sino que, de llegar el Economista Correa al poder, garantizarían nuestra permanencia, crecimiento, desarrollo y prosperidad en los campos de la patria.
Por eso: ¡CORREA A LA PRESIDENCIA!
Con el Economista Rafael Correa, el TLC con EEUU va al tacho de basura de la historia
El por qué los arroceros, soyeros y maiceros debemos apoyar a Rafael Correa
Por
Pedro López Juiz
Presidente de la Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Ya es hora de comenzar a tomar decisiones serias con respecto a las próximas elecciones presidenciales del Ecuador y al candidato que los arroceros, soyeros y maiceros vamos a respaldar. Éste es uno de los años más cruciales para el país en toda su historia. Se debate la soberanía de la nación. Está en riesgo el futuro del Agro ecuatoriano. El imperialismo amenaza al país, por dentro y por fuera, con seguir cortándole las venas para perpetuar el desangre de sus recursos naturales agotables. En otras palabras, en estas elecciones, o saltamos al abismo del nuevo colonialismo impuesto por el Coloso del Norte o resolvemos valientemente tomar un rumbo distinto hacia nuevos modelos que aseguren mejores días para el pueblo ecuatoriano con equidad, justicia e independencia.
De todos los candidatos que han surgido en el horizonte electoral ecuatoriano para la actual contienda presidencial, el que más idóneamente representa los ideales mencionados y el que más firmemente defiende los intereses de nuestro agricultor es indudablemente el Economista Rafael Correa. El Economista Correa no ha mostrado ninguna ambigüedad o doble discurso cuando ha tenido que pronunciarse con respecto a temas candentes como el TLC con EE.UU. o la Oxy. Todo lo contrario: en todas sus intervenciones en la palestra pública, se ha comprobado como un legítimo patriota y un ardiente amante de la justicia, la reivindicación social, y la soberanía.
En el “Foro de Candidatos a la Presidencia de la República,” las posturas de cinco presidenciables se transparentaron. De allí podemos concluir que ya está más claro que nunca que él único que anda sin tapujos ni vueltas con lo que respecta el futuro del Ecuador y el futuro del Agro ecuatoriano es Rafael Correa.
En particular, fue contundentemente sincero en su postura en contra del TLC. Minutos antes, León Roldós acababa de aseverar que él convocaría a una Consulta Popular para dejar que el pueblo se manifieste sobre el Tratado de Libre Comercio. Una declaración de esta naturaleza por parte del candidato Roldós es ambigua, engañosa, y peligrosa, porque no sabemos cuán clara o confusa será la pregunta puesta por Roldós en la Consulta sobre el Tratado de Libre Comercio ni cuán fuertes serán la publicidad y la propaganda contratadas por los poderes económicos que manejan a su gusto los medios de comunicación, especialmente los televisivos, y que quieren el TLC a toda costa, aunque dicho acuerdo nos barra a nosotros los arroceros, soyeros, y maiceros del mapa agrícola. En cambio, Rafael Correa no titubeó en contestar que no perdería el tiempo en convocar tal Consulta sino que, asumiendo la Presidencia, inmediatamente echaría el TLC al tacho de basura de la historia.
Estas palabras de Rafael Correa, compañeros arroceros, soyeros y maiceros, conjuntamente con sus planes de reactivación para el Agro ecuatoriano, no sólo nos dan tranquilidad y esperanza sino que, de llegar el Economista Correa al poder, garantizarían nuestra permanencia, crecimiento, desarrollo y prosperidad en los campos de la patria.
Por eso: ¡CORREA A LA PRESIDENCIA!
TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios
TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios
El TLC ecuatoriano está contaminado de prácticas dolosas y vicios de consentimiento. La promesa de subsidios al agro es el engaño más horroroso que quieren cometer los negociadores contra no sólo los agricultores sino todo el pueblo ecuatoriano, puesto que los subsidios irían a la agricultura pero vendrían del pueblo.
TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios
Por Pedro López Juiz
Es obvio que, a estas alturas de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el equipo negociador ecuatoriano está actuando con demasiado apuro y máxima desesperación. Desde diciembre del 2005, Ecuador debió haber tenido la dignidad, valentía, y voluntad de levantarse de la mesa de negociación y haberle dicho al Todopoderoso del Norte que hasta allí había llegado todo, añadiendo un “Basta de abuso, basta de atropello, basta de humillación”. Pero Ecuador hizo lo opuesto: bajó la cabeza más, se arrodilló más, se deslizó más hacia el abismo de una eventual recolonización y esclavización total por parte del Imperio.
Por eso, cuando los negociadores ecuatorianos comienzan a hablar de subsidios para los sectores del agro del país que van a ser más afectados por dicho TLC, como los arroceros, maiceros, soyeros, y ganaderos, la gestión empieza a cambiar radicalmente de aspecto y adquirir tonalidades extrañas, sospechosas y oscuras, apuntando hacia dos cosas: dolo y vicios de consentimiento.
La promesa de subsidios al agro es el engaño más horroroso que quieren cometer dichos negociadores contra no sólo los agricultores sino todo el pueblo ecuatoriano, puesto que los subsidios irían a la agricultura pero vendrían del pueblo. Más allá de su falsedad, la propuesta del subsidio es divisoria y denigrante ya que pinta al agricultor como ineficiente y dependiente de la caridad del resto de la ciudadanía cuando en verdad la falta de competitividad de los mismos es causada por los gigantescos subsidios que reciban sus homólogos en EE.UU. así como la indiferencia y el abandono que el gobierno ecuatoriano ha mostrado hacia ellos desde hace muchos años a causa de la imposición proveniente desde el Norte mismo de ese fundamentalismo económico llamado neoliberalismo.
El primer cuestionamiento que le haríamos a estos señores Pinochos negociadores haría eco a las palabras de un ministro de gobierno en la época de Jamil Mahuad: “¿Y dónde está la plata?” La prensa diariamente reporta los problemas de iliquidez del actual gobierno. Por ejemplo, al Banco de Fomento le tenían que llegar $20 millones de dólares del gobierno central este año para la campaña agrícola invernal en la Costa, pero hasta el momento se le han acreditado a este banco estatal sólo $5 millones. Por otro lado, ocho provincias del país tienen listas sus agendas de paralizaciones indefinidas por los incumplimientos del Gobierno en la entrega de recursos para obras públicas, educación y salud. ¿Y dónde está la plata? Petroecuador, sentado encima de la bonanza petrolera del país, está al borde de la quiebra y le ruega al Ministerio de Economía que le tire un salvavidas de unos cuantos milloncitos. ¿Y dónde está la plata?
Además, estos ficticios subsidios tendrían que salir de una caja fiscal disminuida, puesto que el TLC significaría al Ecuador una pérdida mínima de $166 millones de dólares al gobierno en términos de aranceles (datos del Banco Central del Ecuador). Entonces, baja la caja fiscal y crean nuevas subvenciones al agro. ¡Qué increíble! Y yo tengo un terrenito en el medio del océano Pacífico que le quiero vender a alguien que sufra de la enfermedad Alzheimer.
Adicionalmente, los caraduras negociadores nacionales prometen subsidios cuando la FMI le insiste al Ecuador que elimine los mismos. El 9 de febrero de 2006 el Fondo Monetario Internacional, basándose en las conclusiones del análisis sobre la situación económica del país que fue hecho el 25 de enero de este año por su Consejo Ejecutivo, instó al Ecuador a reducir los subsidios al consumo de combustible y la electricidad. Es más, la corriente mundial, especialmente en la OMC, es hacia la eliminación de subsidios. Claro está que dicha corriente se debe aplicar sólo a los países del Sur, no los del Norte como EE.UU. ¡Por supuesto! No obstante, ésta es la tendencia, y el país en vías de desarrollo que no se someta a ella luego es colocado en una lista negra y castigado por las instituciones financieras internacionales cuando esa nación requiera de préstamos.
No cabe la menor duda de que la propuesta de los subsidios por parte de los negociadores es una burda, crasa y grotesca trampa, un grosero insulto a la inteligencia del agricultor y de todos los ecuatorianos. Para nosotros que hacemos ciclo corto, arroz, soya, y maíz, aceptar la carnada del subsidio equivaldría a un ignominioso suicidio y el comienzo de un colosal Agrocidio en el país. Pensando que todos nosotros somos iguales (o tal vez calculando que hay algunos que son “desiguales” y se van a sumar-o “vender”—a ellos), quieren ablandar conciencias con estas migajas, quieren hacer salivar a dirigentes ambiguos, haciéndoles pensar que parte de las subvenciones fluirán por el tamiz de sus seudo-gremios. Pero no es así, porque jamás van a ver la plata. Todo esto es una gran cinta cinemática made in Hollywood.
Las matemáticas son frías, pero los negociadores ecuatorianos quieren tapar el sol de los números con un dedo. ¡Qué absurdo que quieren darnos 120 millones de dólares a los arroceros, maiceros, soyeros y ganaderos, cuando el costo por las pérdidas de las preferencias arancelarias del ATPDEA serían sólo 20 a 25 millones de dólares, según las cifras del mismo Banco Central! Ese monto obviamente es menor que los subsidios que los negociadores prometen desembolsar a favor de los sectores sensibles del agro ecuatoriano. Entonces me pregunto: “¿Por qué no les prometen los 20 ó 25 millones de dólares, incluso hasta más, a los llorones multimillonarios agro-exportadores beneficiados por el actual ATPDEA, no para que no pierdan (porque ganan mucho, como por ejemplo, los floricultores, los cuales gozan de una utilidad de entre un 30% a 40% sobre las ventas, de manera que en el caso de ellos la ausencia de un ATPDEA no les haría ni cosquilla), sino para que sigan ganado gloriosamente como siempre y se le sequen las penosas lágrimas?” (Y al mismo tiempo recordemos que tales subsidios se harían, en el caso de la no firma de un TLC, desde una caja fiscal no afectada por pérdidas arancelarias.) La respuesta es fácil: los agro-exportadores no son idiotas (en el buen sentido de la palabra que le da Joyce de Ginatta a ese epíteto en sus conferencias) y saben perfectamente bien que tales promesas son ficciones de oportunistas, que son un amague, un finteo, una trampa, sólo para aquellos humildes ciudadanos susceptibles a las mentiras y los subterfugios, a cual grupo ningún agro-exportador pertenece.
Es también fehaciente que EE.UU. chantajea en el proceso de “negociación” del TLC. El chantaje más reciente lo dejo caer suavemente en el Ecuador la agregada agrícola estadounidense Melinda Sallers, quien puso en duda la continuación del programa de subvenciones al Ecuador llamado PL480, que ha estado en vigencia desde hace más de 30 años pero que súbita y extrañamente no entregará sus donaciones de trigo, cebada y otros cereales a partir de este año. El año pasado este programa significó para este país andino 3,4 millones de dólares en trigo. En un vergonzoso gesto de sometimiento, el Ministro de Agricultura Pablo Rizzo le preguntó a la agregada agrícola del Imperio si se suspendería las ayudas del programa para los próximos años, y la misma le contestó misteriosamente: “Habrá que ver.” Luego, el desconcertado ministro musitó con trizteza que tal vez dicha medida era “una especie de presión en las negociaciones del TLC.”
Por coincidencia o por diseño, se anuncia casi simultáneamente que EE.UU. hará un recorte del 43% a Ecuador en la asistencia económica proveniente del país del Norte para la lucha contra el narcotráfico. A la vez Adam Isacson, director del Centro de Políticas Internacionales, puntualiza que el Emperador Bush está “descontento” por “la falta de colaboración” del gobierno ecuatoriano. Todo esto sumado juntamente huele a sólo una cosa: chantaje.
Y no olvidemos los no tan sutiles comentarios de la embajadora Linda Jewell sobre la Oxy, tema que niega vincular con el TLC pero que casi siempre por coincidencia saca a relucir antes de pasar a mencionar el Tratado. De tal manera que a Ecuador no le ha quedado otra opción que recurrir al mismo tipo de maniobra chantajista, aludiendo al asunto de la Base de Manta en un forcejeo que no tiene nada que ver con el meollo comercial del Tratado pero que deja entrever claramente las irregularidades, cosas oscuras e imposiciones detrás de todo el proceso de negociación. Jorge Illingworth, Ministro de Comercio Exterior y parte del equipo negociador ecuatoriano, subraya esta realidad cuando constata que “nosotros no fuimos los que metimos en la negociación a temas no comerciales.”
Por ende, la actuación engañosa y dolosa de los negociadores ecuatorianos en contra de sus conciudadanos, los vicios de consentimiento fundamentados en la coacción y el chantaje que sistemáticamente el Imperio del Norte aplica como tortura lenta a la indefensa nación andina, y otros sacrilegios mucho más ocultos y por desenmascararse en un futuro no lejano, invalidarían, de acuerdo a los cánones internacionales, el cierre de la negociación, la firma presidencial y la aprobación parlamentaria del TLC Ecuador-Estados Unidos.
Pedro López Juiz, Presidente de la Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
El TLC ecuatoriano está contaminado de prácticas dolosas y vicios de consentimiento. La promesa de subsidios al agro es el engaño más horroroso que quieren cometer los negociadores contra no sólo los agricultores sino todo el pueblo ecuatoriano, puesto que los subsidios irían a la agricultura pero vendrían del pueblo.
TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios
Por Pedro López Juiz
Es obvio que, a estas alturas de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el equipo negociador ecuatoriano está actuando con demasiado apuro y máxima desesperación. Desde diciembre del 2005, Ecuador debió haber tenido la dignidad, valentía, y voluntad de levantarse de la mesa de negociación y haberle dicho al Todopoderoso del Norte que hasta allí había llegado todo, añadiendo un “Basta de abuso, basta de atropello, basta de humillación”. Pero Ecuador hizo lo opuesto: bajó la cabeza más, se arrodilló más, se deslizó más hacia el abismo de una eventual recolonización y esclavización total por parte del Imperio.
Por eso, cuando los negociadores ecuatorianos comienzan a hablar de subsidios para los sectores del agro del país que van a ser más afectados por dicho TLC, como los arroceros, maiceros, soyeros, y ganaderos, la gestión empieza a cambiar radicalmente de aspecto y adquirir tonalidades extrañas, sospechosas y oscuras, apuntando hacia dos cosas: dolo y vicios de consentimiento.
La promesa de subsidios al agro es el engaño más horroroso que quieren cometer dichos negociadores contra no sólo los agricultores sino todo el pueblo ecuatoriano, puesto que los subsidios irían a la agricultura pero vendrían del pueblo. Más allá de su falsedad, la propuesta del subsidio es divisoria y denigrante ya que pinta al agricultor como ineficiente y dependiente de la caridad del resto de la ciudadanía cuando en verdad la falta de competitividad de los mismos es causada por los gigantescos subsidios que reciban sus homólogos en EE.UU. así como la indiferencia y el abandono que el gobierno ecuatoriano ha mostrado hacia ellos desde hace muchos años a causa de la imposición proveniente desde el Norte mismo de ese fundamentalismo económico llamado neoliberalismo.
El primer cuestionamiento que le haríamos a estos señores Pinochos negociadores haría eco a las palabras de un ministro de gobierno en la época de Jamil Mahuad: “¿Y dónde está la plata?” La prensa diariamente reporta los problemas de iliquidez del actual gobierno. Por ejemplo, al Banco de Fomento le tenían que llegar $20 millones de dólares del gobierno central este año para la campaña agrícola invernal en la Costa, pero hasta el momento se le han acreditado a este banco estatal sólo $5 millones. Por otro lado, ocho provincias del país tienen listas sus agendas de paralizaciones indefinidas por los incumplimientos del Gobierno en la entrega de recursos para obras públicas, educación y salud. ¿Y dónde está la plata? Petroecuador, sentado encima de la bonanza petrolera del país, está al borde de la quiebra y le ruega al Ministerio de Economía que le tire un salvavidas de unos cuantos milloncitos. ¿Y dónde está la plata?
Además, estos ficticios subsidios tendrían que salir de una caja fiscal disminuida, puesto que el TLC significaría al Ecuador una pérdida mínima de $166 millones de dólares al gobierno en términos de aranceles (datos del Banco Central del Ecuador). Entonces, baja la caja fiscal y crean nuevas subvenciones al agro. ¡Qué increíble! Y yo tengo un terrenito en el medio del océano Pacífico que le quiero vender a alguien que sufra de la enfermedad Alzheimer.
Adicionalmente, los caraduras negociadores nacionales prometen subsidios cuando la FMI le insiste al Ecuador que elimine los mismos. El 9 de febrero de 2006 el Fondo Monetario Internacional, basándose en las conclusiones del análisis sobre la situación económica del país que fue hecho el 25 de enero de este año por su Consejo Ejecutivo, instó al Ecuador a reducir los subsidios al consumo de combustible y la electricidad. Es más, la corriente mundial, especialmente en la OMC, es hacia la eliminación de subsidios. Claro está que dicha corriente se debe aplicar sólo a los países del Sur, no los del Norte como EE.UU. ¡Por supuesto! No obstante, ésta es la tendencia, y el país en vías de desarrollo que no se someta a ella luego es colocado en una lista negra y castigado por las instituciones financieras internacionales cuando esa nación requiera de préstamos.
No cabe la menor duda de que la propuesta de los subsidios por parte de los negociadores es una burda, crasa y grotesca trampa, un grosero insulto a la inteligencia del agricultor y de todos los ecuatorianos. Para nosotros que hacemos ciclo corto, arroz, soya, y maíz, aceptar la carnada del subsidio equivaldría a un ignominioso suicidio y el comienzo de un colosal Agrocidio en el país. Pensando que todos nosotros somos iguales (o tal vez calculando que hay algunos que son “desiguales” y se van a sumar-o “vender”—a ellos), quieren ablandar conciencias con estas migajas, quieren hacer salivar a dirigentes ambiguos, haciéndoles pensar que parte de las subvenciones fluirán por el tamiz de sus seudo-gremios. Pero no es así, porque jamás van a ver la plata. Todo esto es una gran cinta cinemática made in Hollywood.
Las matemáticas son frías, pero los negociadores ecuatorianos quieren tapar el sol de los números con un dedo. ¡Qué absurdo que quieren darnos 120 millones de dólares a los arroceros, maiceros, soyeros y ganaderos, cuando el costo por las pérdidas de las preferencias arancelarias del ATPDEA serían sólo 20 a 25 millones de dólares, según las cifras del mismo Banco Central! Ese monto obviamente es menor que los subsidios que los negociadores prometen desembolsar a favor de los sectores sensibles del agro ecuatoriano. Entonces me pregunto: “¿Por qué no les prometen los 20 ó 25 millones de dólares, incluso hasta más, a los llorones multimillonarios agro-exportadores beneficiados por el actual ATPDEA, no para que no pierdan (porque ganan mucho, como por ejemplo, los floricultores, los cuales gozan de una utilidad de entre un 30% a 40% sobre las ventas, de manera que en el caso de ellos la ausencia de un ATPDEA no les haría ni cosquilla), sino para que sigan ganado gloriosamente como siempre y se le sequen las penosas lágrimas?” (Y al mismo tiempo recordemos que tales subsidios se harían, en el caso de la no firma de un TLC, desde una caja fiscal no afectada por pérdidas arancelarias.) La respuesta es fácil: los agro-exportadores no son idiotas (en el buen sentido de la palabra que le da Joyce de Ginatta a ese epíteto en sus conferencias) y saben perfectamente bien que tales promesas son ficciones de oportunistas, que son un amague, un finteo, una trampa, sólo para aquellos humildes ciudadanos susceptibles a las mentiras y los subterfugios, a cual grupo ningún agro-exportador pertenece.
Es también fehaciente que EE.UU. chantajea en el proceso de “negociación” del TLC. El chantaje más reciente lo dejo caer suavemente en el Ecuador la agregada agrícola estadounidense Melinda Sallers, quien puso en duda la continuación del programa de subvenciones al Ecuador llamado PL480, que ha estado en vigencia desde hace más de 30 años pero que súbita y extrañamente no entregará sus donaciones de trigo, cebada y otros cereales a partir de este año. El año pasado este programa significó para este país andino 3,4 millones de dólares en trigo. En un vergonzoso gesto de sometimiento, el Ministro de Agricultura Pablo Rizzo le preguntó a la agregada agrícola del Imperio si se suspendería las ayudas del programa para los próximos años, y la misma le contestó misteriosamente: “Habrá que ver.” Luego, el desconcertado ministro musitó con trizteza que tal vez dicha medida era “una especie de presión en las negociaciones del TLC.”
Por coincidencia o por diseño, se anuncia casi simultáneamente que EE.UU. hará un recorte del 43% a Ecuador en la asistencia económica proveniente del país del Norte para la lucha contra el narcotráfico. A la vez Adam Isacson, director del Centro de Políticas Internacionales, puntualiza que el Emperador Bush está “descontento” por “la falta de colaboración” del gobierno ecuatoriano. Todo esto sumado juntamente huele a sólo una cosa: chantaje.
Y no olvidemos los no tan sutiles comentarios de la embajadora Linda Jewell sobre la Oxy, tema que niega vincular con el TLC pero que casi siempre por coincidencia saca a relucir antes de pasar a mencionar el Tratado. De tal manera que a Ecuador no le ha quedado otra opción que recurrir al mismo tipo de maniobra chantajista, aludiendo al asunto de la Base de Manta en un forcejeo que no tiene nada que ver con el meollo comercial del Tratado pero que deja entrever claramente las irregularidades, cosas oscuras e imposiciones detrás de todo el proceso de negociación. Jorge Illingworth, Ministro de Comercio Exterior y parte del equipo negociador ecuatoriano, subraya esta realidad cuando constata que “nosotros no fuimos los que metimos en la negociación a temas no comerciales.”
Por ende, la actuación engañosa y dolosa de los negociadores ecuatorianos en contra de sus conciudadanos, los vicios de consentimiento fundamentados en la coacción y el chantaje que sistemáticamente el Imperio del Norte aplica como tortura lenta a la indefensa nación andina, y otros sacrilegios mucho más ocultos y por desenmascararse en un futuro no lejano, invalidarían, de acuerdo a los cánones internacionales, el cierre de la negociación, la firma presidencial y la aprobación parlamentaria del TLC Ecuador-Estados Unidos.
Pedro López Juiz, Presidente de la Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Sicarios económicos, TLCes, y otros alacranes
Sicarios económicos, TLCes, y otros alacranes
Al Dr. Carlos Sánchez hace unos cinco años le hice una pregunta muy importante. Nos habíamos hecho buenos amigos en una lucha común por mejorar los precios del arroz producido por agricultores ecuatorianos en un año en que el precio de la saca de 200 libras de dicha gramínea se había desmoronado a la insostenible cifra de US $8.00.
Sicarios económicos, TLCes, y otros alacranes
Por Pedro López Juiz
Al Dr. Carlos Sánchez hace unos cinco años le hice una pregunta muy importante. Nos habíamos hecho buenos amigos en una lucha común por mejorar los precios del arroz producido por agricultores ecuatorianos en un año en que el precio de la saca de 200 libras de dicha gramínea se había desmoronado a la insostenible cifra de US $8.00. Ese año viajamos juntos en varias ocasiones a Bogotá y a los departamentos de Tolima y Huila para explorar las posibilidades de una exportación masiva del arroz ecuatoriano al país del norte para desfogar los altos excedentes que tenían los precios nacionales deprimidos.
Una tarde que me visitaba en las oficinas de ARAS (Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros), le pregunté cómo era eso de ser Presidente de la República del Ecuador.
En aquel entonces, Carlos era Liquidador del ENAC (Empresa Nacional de Abastecimiento y Comercialización), institución del Estado ecuatoriano que manejaba una batería de silos para el almacenaje de granos en diferentes provincias de la República. Él bromeaba y decía que no era “liquidador” sino “salvador” del ENAC, puesto que no estaba de acuerdo con que el gobierno ecuatoriano se despojara de tan importante instrumento como el de silos intencionados a almacenar granos en los puntos picos de cosecha cuando los precios se deslizaban hacia el abismo y era crucial detener ese desliz sacando grano del mercado a través del bodegaje. Su esposa era prima de Jamil Mahuad, y siempre sospeché que el vínculo familiar y su apoyo al candidato en la campaña presidencial habían facilitado su designación como Liquidador (o Salvador, como él prefería considerarse) del ENAC. Por eso le hice la pregunta sobre la presidencia, imaginándome que tenía información desde el “inside” de la misma.
Pero su respuesta me desconcertó. “Pedro, la verdad es que no podría contestarte,” replicó. “En la campaña me reunía y hablaba con él constantemente, pero una vez que llegó al poder, todo contacto y toda comunicación con Jamil fueron frustradas. Inclusive, su celular lo contestaba una persona extraña y nunca me lo pasaban. Lo que si puedo decirte es que obviamente, instalado en la presidencia Jamil, le tendieron un cerco, un cerco prácticamente impenetrable.” Nunca me aclaró quiénes construyeron ese cerco.
Y ahora explosiona esa noticia del libro de John Perkins bajo el título de Confesiones de un sicario económico, e inexorablemente me lleva a atar las aseveraciones del espeluznante libro con la respuesta de mi amigo Carlos Sánchez sobre Jamil Mahuad.
¿Fue entonces Jamil Mahuad visitado tempranamente por un Sicario Económico del Imperio al comienzo de su presidencia, así como asegura John Perkins que fue visitado Lucio Gutierrez, quien a los dos meses de su mandato comenzó a apretarle las tuercas al pueblo ecuatoriano por medio de un plan de austeridad (el famoso “pinchazo”) que incluyó la elevación de los precios del combustible en un 35% y la congelación de los salarios del sector público por un año? Según Perkins, todos los presidentes ecuatorianos han sido visitado por un Sicario Económico estadounidense desde los años cincuenta cuando Kermit Roosevelt, un nieto de Teddy Roosevelt, ex-presidente estadounidense, inició esta práctica a favor de Tío Sam y las multinacionales norteamericanas. Por supuesto, no faltan los cuestionamientos hacia la veracidad del libro de John Perkins, pero es raro que una publicación la cual supuestamente sufra de autenticidad se convierta en tan poco tiempo en texto de enseñanza en universidades de renombre en Estados Unidos como DePaul University en la ciudad de Chicago y Wheaton College en el estado de Massachussets, además de llegar a ser un bestseller en ese país.
Adicionalmente, es natural y lógico que, con la incursión ruidosa de Confesiones de un sicario económico en la escenario ecuatoriano, cualquier ciudadano pensante también se ponga a hacer conexiones entre el proceso de negociación del TLC entre Ecuador y EE.UU. y la tesis principal del mencionado libro-es decir, que, para promover los intereses del Coloso del Norte y las empresas multinacionales estadounidenses, el Imperio recurre a los más perversos medios de persuasión, como sicarios económicos, coimas, chantajes, amenazas, y, cuando éstos no funcionan, el asesinato (Jaime Roldós, Omar Torrijos) o, en el último caso, la invasión militar (Iraq; Saddam Hussein tenía muy buenos guardaespaldas y demasiados dobles y los chacales de la CIA no lograron asesinarlo). De allí no hay que caminar mucho mentalmente para llegar a sospechar que el Tratado de “Libre” Comercio con el Ecuador—de suma importancia para Estados Unidos dentro de sus planes geo-estratégicos, geo-económicos, y geo-políticos para la región Andina y Latinoamérica—esté seriamente comprometido y contaminado, para no decir carcomido o putrefacto.
Por eso, ahora no me sorprende que una fuente fidedigna me haya informado que una persona muy allegada a los negociadores y, en particular, a un ministro del actual gobierno tenga amarrada la representación de una empresa de telecomunicaciones estadounidense, producto de sus esfuerzos a favor del TLC. (Y ¿cuántos amarres más, conseguidos por otros y basados en la misma gestión, no habrá debajo de la mesa y detrás del telón?) Ni tampoco me sorprende que dicha persona, evidentemente poderosa, se mencione como futuro dirigente del Comité Empresarial Ecuatoriano, que se convertiría, según fuentes periodísticas, en una instancia superior a las Cámaras de Producción y las Federaciones del país. Pero en cambio esto sí asusta, porque bajo estas circunstancias en el Ecuador pronto iríamos a pasar de una democracia endeble a una arrogante “corporatocracia” (para usar una neologismo del mismo John Perkins) manejada por vivarachos nacionales lacayos de las multinacionales del Imperio.
Inclusive, gracias a John Perkins, ahora comprendo el cambio brusco, el viraje tan radical, que hizo el cardiólogo Presidente con respecto al TLC ecuatoriano: de decir que el equipo negociador del país andino era “debilucho” y que él, Alfredo Palacio, jamás pondría la salud de su pueblo bajo jaque y riesgo y, por lo tanto, no ofrecería ni un año más de protección a los datos de prueba para fármacos; a estar dispuesto a dar en la CAN el tercer y determinante voto (conjuntamente con Perú y Colombia) para que dicha comunidad andina reforme sus normas con respecto a Propiedad Intelectual y permita que se prolongue la protección a los datos de prueba cinco años para fármacos y diez para agroquímicos, evitando puntualmente que las actuales leyes andinas contradigan esa parte del arreglo dentro de los TLCes cerrados ya por Perú y Colombia y del que Ecuador apresuradamente quiere concluir con la potencia del Norte en imitación de los otros dos países borregos.
Al hacer sus confesiones en el ocaso de su vida, John Perkins ha mostrado tener, a pesar de sus grandes pecados cometidos al servicio del Imperio, una gran dignidad, transparencia y valentía, cosas de las cuales obviamente ciertos actores nativos dentro del panorama de la negociación del TLC carecen de la forma más miserable y sórdida.
Pedro López Juiz, Presidente de ARAS (Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros)
Al Dr. Carlos Sánchez hace unos cinco años le hice una pregunta muy importante. Nos habíamos hecho buenos amigos en una lucha común por mejorar los precios del arroz producido por agricultores ecuatorianos en un año en que el precio de la saca de 200 libras de dicha gramínea se había desmoronado a la insostenible cifra de US $8.00.
Sicarios económicos, TLCes, y otros alacranes
Por Pedro López Juiz
Al Dr. Carlos Sánchez hace unos cinco años le hice una pregunta muy importante. Nos habíamos hecho buenos amigos en una lucha común por mejorar los precios del arroz producido por agricultores ecuatorianos en un año en que el precio de la saca de 200 libras de dicha gramínea se había desmoronado a la insostenible cifra de US $8.00. Ese año viajamos juntos en varias ocasiones a Bogotá y a los departamentos de Tolima y Huila para explorar las posibilidades de una exportación masiva del arroz ecuatoriano al país del norte para desfogar los altos excedentes que tenían los precios nacionales deprimidos.
Una tarde que me visitaba en las oficinas de ARAS (Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros), le pregunté cómo era eso de ser Presidente de la República del Ecuador.
En aquel entonces, Carlos era Liquidador del ENAC (Empresa Nacional de Abastecimiento y Comercialización), institución del Estado ecuatoriano que manejaba una batería de silos para el almacenaje de granos en diferentes provincias de la República. Él bromeaba y decía que no era “liquidador” sino “salvador” del ENAC, puesto que no estaba de acuerdo con que el gobierno ecuatoriano se despojara de tan importante instrumento como el de silos intencionados a almacenar granos en los puntos picos de cosecha cuando los precios se deslizaban hacia el abismo y era crucial detener ese desliz sacando grano del mercado a través del bodegaje. Su esposa era prima de Jamil Mahuad, y siempre sospeché que el vínculo familiar y su apoyo al candidato en la campaña presidencial habían facilitado su designación como Liquidador (o Salvador, como él prefería considerarse) del ENAC. Por eso le hice la pregunta sobre la presidencia, imaginándome que tenía información desde el “inside” de la misma.
Pero su respuesta me desconcertó. “Pedro, la verdad es que no podría contestarte,” replicó. “En la campaña me reunía y hablaba con él constantemente, pero una vez que llegó al poder, todo contacto y toda comunicación con Jamil fueron frustradas. Inclusive, su celular lo contestaba una persona extraña y nunca me lo pasaban. Lo que si puedo decirte es que obviamente, instalado en la presidencia Jamil, le tendieron un cerco, un cerco prácticamente impenetrable.” Nunca me aclaró quiénes construyeron ese cerco.
Y ahora explosiona esa noticia del libro de John Perkins bajo el título de Confesiones de un sicario económico, e inexorablemente me lleva a atar las aseveraciones del espeluznante libro con la respuesta de mi amigo Carlos Sánchez sobre Jamil Mahuad.
¿Fue entonces Jamil Mahuad visitado tempranamente por un Sicario Económico del Imperio al comienzo de su presidencia, así como asegura John Perkins que fue visitado Lucio Gutierrez, quien a los dos meses de su mandato comenzó a apretarle las tuercas al pueblo ecuatoriano por medio de un plan de austeridad (el famoso “pinchazo”) que incluyó la elevación de los precios del combustible en un 35% y la congelación de los salarios del sector público por un año? Según Perkins, todos los presidentes ecuatorianos han sido visitado por un Sicario Económico estadounidense desde los años cincuenta cuando Kermit Roosevelt, un nieto de Teddy Roosevelt, ex-presidente estadounidense, inició esta práctica a favor de Tío Sam y las multinacionales norteamericanas. Por supuesto, no faltan los cuestionamientos hacia la veracidad del libro de John Perkins, pero es raro que una publicación la cual supuestamente sufra de autenticidad se convierta en tan poco tiempo en texto de enseñanza en universidades de renombre en Estados Unidos como DePaul University en la ciudad de Chicago y Wheaton College en el estado de Massachussets, además de llegar a ser un bestseller en ese país.
Adicionalmente, es natural y lógico que, con la incursión ruidosa de Confesiones de un sicario económico en la escenario ecuatoriano, cualquier ciudadano pensante también se ponga a hacer conexiones entre el proceso de negociación del TLC entre Ecuador y EE.UU. y la tesis principal del mencionado libro-es decir, que, para promover los intereses del Coloso del Norte y las empresas multinacionales estadounidenses, el Imperio recurre a los más perversos medios de persuasión, como sicarios económicos, coimas, chantajes, amenazas, y, cuando éstos no funcionan, el asesinato (Jaime Roldós, Omar Torrijos) o, en el último caso, la invasión militar (Iraq; Saddam Hussein tenía muy buenos guardaespaldas y demasiados dobles y los chacales de la CIA no lograron asesinarlo). De allí no hay que caminar mucho mentalmente para llegar a sospechar que el Tratado de “Libre” Comercio con el Ecuador—de suma importancia para Estados Unidos dentro de sus planes geo-estratégicos, geo-económicos, y geo-políticos para la región Andina y Latinoamérica—esté seriamente comprometido y contaminado, para no decir carcomido o putrefacto.
Por eso, ahora no me sorprende que una fuente fidedigna me haya informado que una persona muy allegada a los negociadores y, en particular, a un ministro del actual gobierno tenga amarrada la representación de una empresa de telecomunicaciones estadounidense, producto de sus esfuerzos a favor del TLC. (Y ¿cuántos amarres más, conseguidos por otros y basados en la misma gestión, no habrá debajo de la mesa y detrás del telón?) Ni tampoco me sorprende que dicha persona, evidentemente poderosa, se mencione como futuro dirigente del Comité Empresarial Ecuatoriano, que se convertiría, según fuentes periodísticas, en una instancia superior a las Cámaras de Producción y las Federaciones del país. Pero en cambio esto sí asusta, porque bajo estas circunstancias en el Ecuador pronto iríamos a pasar de una democracia endeble a una arrogante “corporatocracia” (para usar una neologismo del mismo John Perkins) manejada por vivarachos nacionales lacayos de las multinacionales del Imperio.
Inclusive, gracias a John Perkins, ahora comprendo el cambio brusco, el viraje tan radical, que hizo el cardiólogo Presidente con respecto al TLC ecuatoriano: de decir que el equipo negociador del país andino era “debilucho” y que él, Alfredo Palacio, jamás pondría la salud de su pueblo bajo jaque y riesgo y, por lo tanto, no ofrecería ni un año más de protección a los datos de prueba para fármacos; a estar dispuesto a dar en la CAN el tercer y determinante voto (conjuntamente con Perú y Colombia) para que dicha comunidad andina reforme sus normas con respecto a Propiedad Intelectual y permita que se prolongue la protección a los datos de prueba cinco años para fármacos y diez para agroquímicos, evitando puntualmente que las actuales leyes andinas contradigan esa parte del arreglo dentro de los TLCes cerrados ya por Perú y Colombia y del que Ecuador apresuradamente quiere concluir con la potencia del Norte en imitación de los otros dos países borregos.
Al hacer sus confesiones en el ocaso de su vida, John Perkins ha mostrado tener, a pesar de sus grandes pecados cometidos al servicio del Imperio, una gran dignidad, transparencia y valentía, cosas de las cuales obviamente ciertos actores nativos dentro del panorama de la negociación del TLC carecen de la forma más miserable y sórdida.
Pedro López Juiz, Presidente de ARAS (Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros)
La Muralla Gringa y el Muro Verde
La Muralla Estadounidense y el Muro Verde
Un contraste espeluznante
El mundo del siglo XXI se desborda de ironías. Mientras que en una parte del globo terráqueo se alistan para la construcción del Muro de la Vergüenza, cuyo propósito principal apuntaría hacia la prevención del ingreso de miles de migrantes pobres dispuestos a arriesgar su vida en busca de mejores días, por el otro lado del planeta se construye la Muralla Verde, hecha de pinos, sauces, adelfas, enebros, espinos, álamos y otros árboles, cuya finalidad sería mitigar las tormentas de polvo provenientes del gran desierto de Gobi y detener la desertización en Mongolia.
La Muralla Estadounidense y el Muro Verde: un contraste espeluznante
El uno destruye y el otro protege
Por
Pedro López Juiz
Presidente de la Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
El mundo del siglo XXI se desborda de ironías. Mientras que en una parte del globo terráqueo se alistan para la construcción del Muro de la Vergüenza, cuyo propósito principal apuntaría hacia la prevención del ingreso de miles de migrantes pobres dispuestos a arriesgar su vida en busca de mejores días, por el otro lado del planeta se construye la Muralla Verde, hecha de pinos, sauces, adelfas, enebros, espinos, álamos y otros árboles, cuya finalidad sería mitigar las tormentas de polvo provenientes del gran desierto de Gobi y detener la desertización en Mongolia. Un muro, un invento estadounidense, la Gran Muralla Gringa, en contra del hombre y el medio ambiente; el otro, un proyecto mongol, el Muro Verde, a favor de la Humanidad y la Madre Naturaleza.
El Muro Verde se extenderá sobre más de 3.000 kilómetros y costará aproximadamente US $150 millones. Se proyecta su finalización en 30 años. Sin embargo, el otro muro, la Gran Muralla Gringa, a pesar de exhibir planes para una construcción de un tramo más corto, es decir, 1.126 kilómetros, costará no menos de US $1.200 millones, aunque algunos peritos estiman que su costo final será mucho más elevado, entre $6.000 y $8.000 millones. El alto costo se basa en que la Gran Muralla Gringa tendrá barreras vehiculares, aviones y vehículos a control remoto que portan radares y sensores capaces de descubrir una persona a más de 3 kilómetros de distancia, iluminación nocturna, y cámaras infrarrojas. Además se pretende aumentar en el 2008 el número de agentes de la Patrulla Fronteriza de 12.000 a 18.000.
Todo este despilfarro de plata ¿para qué? Para tratar de mitigar la incursión clandestina de más de un millón de indocumentados que año tras año intentan cruzar la frontera entre México y EE.UU. para lograr una vida más digna. Y ¿la coletilla de esta absurda e inhumana obra faraónica? Más muertos en las zonas inhóspitas del desierto sureño estadounidense. Entre octubre de 2005 y septiembre de 2006 hubo un total de 199 fallecidos en el intento de cruzar la frontera, y específicamente en los últimos 15 años en el desierto de Arizona se encontraron los cadáveres de 4.000 migrantes desafortunados. También se causarán daños serios al medio ambiente. Se destruirán hábitats y se dejarán sin acceso al agua a numerosos animales, incluyendo el ocelote y el jarguarundi, dos especies en peligro de extinción. El muro estadounidense además pudiera impedir la migración de decenas de especies, desde jaguares hasta halcones y colibríes, a lo largo de un corredor de vida salvaje que abarca ambos lados de la frontera.
El contraste entre los dos muros es escalofriante. El uno, el tecnológico, el sintético, el prepotente y desafiante, la Gran Muralla Gringa, se erige con la intención de frenar los anhelos de los pobres del continente americano por escapar del desempleo y la miseria, productos del TLCAN y el Neoliberalismo salvaje impuesto sobre ellos por el Consenso de Washington; a la vez que colateralmente causará más muertes humanas y destruirá fauna en peligro de desaparecer de la faz de la tierra. El otro muro, el de los nobles árboles, humilde y amigable, el Muro Verde, ofrece otra cara, la humana, y otra posibilidad, la de ser nuevamente solidario con el hombre y con la tierra que nos vio a todos nacer con los mismos derechos.
Un contraste espeluznante
El mundo del siglo XXI se desborda de ironías. Mientras que en una parte del globo terráqueo se alistan para la construcción del Muro de la Vergüenza, cuyo propósito principal apuntaría hacia la prevención del ingreso de miles de migrantes pobres dispuestos a arriesgar su vida en busca de mejores días, por el otro lado del planeta se construye la Muralla Verde, hecha de pinos, sauces, adelfas, enebros, espinos, álamos y otros árboles, cuya finalidad sería mitigar las tormentas de polvo provenientes del gran desierto de Gobi y detener la desertización en Mongolia.
La Muralla Estadounidense y el Muro Verde: un contraste espeluznante
El uno destruye y el otro protege
Por
Pedro López Juiz
Presidente de la Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
El mundo del siglo XXI se desborda de ironías. Mientras que en una parte del globo terráqueo se alistan para la construcción del Muro de la Vergüenza, cuyo propósito principal apuntaría hacia la prevención del ingreso de miles de migrantes pobres dispuestos a arriesgar su vida en busca de mejores días, por el otro lado del planeta se construye la Muralla Verde, hecha de pinos, sauces, adelfas, enebros, espinos, álamos y otros árboles, cuya finalidad sería mitigar las tormentas de polvo provenientes del gran desierto de Gobi y detener la desertización en Mongolia. Un muro, un invento estadounidense, la Gran Muralla Gringa, en contra del hombre y el medio ambiente; el otro, un proyecto mongol, el Muro Verde, a favor de la Humanidad y la Madre Naturaleza.
El Muro Verde se extenderá sobre más de 3.000 kilómetros y costará aproximadamente US $150 millones. Se proyecta su finalización en 30 años. Sin embargo, el otro muro, la Gran Muralla Gringa, a pesar de exhibir planes para una construcción de un tramo más corto, es decir, 1.126 kilómetros, costará no menos de US $1.200 millones, aunque algunos peritos estiman que su costo final será mucho más elevado, entre $6.000 y $8.000 millones. El alto costo se basa en que la Gran Muralla Gringa tendrá barreras vehiculares, aviones y vehículos a control remoto que portan radares y sensores capaces de descubrir una persona a más de 3 kilómetros de distancia, iluminación nocturna, y cámaras infrarrojas. Además se pretende aumentar en el 2008 el número de agentes de la Patrulla Fronteriza de 12.000 a 18.000.
Todo este despilfarro de plata ¿para qué? Para tratar de mitigar la incursión clandestina de más de un millón de indocumentados que año tras año intentan cruzar la frontera entre México y EE.UU. para lograr una vida más digna. Y ¿la coletilla de esta absurda e inhumana obra faraónica? Más muertos en las zonas inhóspitas del desierto sureño estadounidense. Entre octubre de 2005 y septiembre de 2006 hubo un total de 199 fallecidos en el intento de cruzar la frontera, y específicamente en los últimos 15 años en el desierto de Arizona se encontraron los cadáveres de 4.000 migrantes desafortunados. También se causarán daños serios al medio ambiente. Se destruirán hábitats y se dejarán sin acceso al agua a numerosos animales, incluyendo el ocelote y el jarguarundi, dos especies en peligro de extinción. El muro estadounidense además pudiera impedir la migración de decenas de especies, desde jaguares hasta halcones y colibríes, a lo largo de un corredor de vida salvaje que abarca ambos lados de la frontera.
El contraste entre los dos muros es escalofriante. El uno, el tecnológico, el sintético, el prepotente y desafiante, la Gran Muralla Gringa, se erige con la intención de frenar los anhelos de los pobres del continente americano por escapar del desempleo y la miseria, productos del TLCAN y el Neoliberalismo salvaje impuesto sobre ellos por el Consenso de Washington; a la vez que colateralmente causará más muertes humanas y destruirá fauna en peligro de desaparecer de la faz de la tierra. El otro muro, el de los nobles árboles, humilde y amigable, el Muro Verde, ofrece otra cara, la humana, y otra posibilidad, la de ser nuevamente solidario con el hombre y con la tierra que nos vio a todos nacer con los mismos derechos.
Carta a Ministro de Energía y Minas Alberto Acosta 12 de junio 2007
12 de junio de 2007
Dr. Alberto Acosta
Ministro de Energía y Minas
Quito, Ecuador
De mis consideraciones:
Cada día me afianzo más y más a la idea de que Ecuador es un país maravilloso, maravillosamente contradictorio. El caso del gas muestra un exquisito paradigma al caso.
Para empezar, señalo el Decreto Ejecutivo No. 196, publicado en el Registro Oficial No. 50 del 21 de octubre de 1996. En su Artículo 4, reza lo siguiente: “En caso de detectarse que el GLP para uso doméstico, es utilizado en actividades diferentes a la cocción de alimentos o salga ilícitamente del país, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, la Dirección Nacional de Hidrocarburos, las Intendencias, Comisarías Nacionales, Tenientes Políticos o los Jefes Políticos, procederán al decomiso (cursivas mías) de los cilindros comprometidos en esta irregularidad, debiendo entregarse a Petrocomercial, sin opción a reclamo alguno.” Sin embargo, la Constitución Política de la República del Ecuador señala en el Artículo 33 que: “Para fines de orden social determinados en la ley, las instituciones del Estado, mediante el procedimiento y en los plazos que señalen las normas procesales, podrán expropiar (cursivas mías), previa justa valoración, pago e indemnización, los bienes que pertenezcan al sector privado. Se prohíbe toda confiscación (cursivas y negritas mías).” El decreto mencionado es previo a la Constitución de 1998 citada. Además sabemos que ningún decreto puede estar por encima de la Constitución.
Por otra parte, el Art. 3 del Decreto Ejecutivo No. 196 establece que: “Para el consumo de GLP en industrial, hoteles y toda actividad de producción de bienes y servicios, con fines lucrativos, se utilizará exclusivamente cilindros de 45 kg. (cursivas mías), conforme establecido para el sector industrial…” Sin embargo, la sugerencia hecha bien intencionadamente por una importante comercializadora a los industriales de que instalaran tanques grandes arrojaría nuevamente a los industriales a la ilegalidad de acuerdo a este decreto, puesto que estos tanques 1) no son cilindros y 2) tienen capacidades más allá de los 45 kg. Pero lo más absurdo e irónico del caso descansa sobre el hecho de que los cilindros de 45 kg. prácticamente no existen en el país.
Contradicciones son lo que más abunda sobre el tema gás. Usted mismo, Señor Ministro, reveló en el programa “Cero Tolerancia” que un gran magnate guayaquileño se beneficia del Estado con US $5, 907,000 con el uso ilícito del gas doméstico en bombonas de 15 kg. Y nos preguntamos: ¿Qué ha hecho el gobierno actual para ponerle fin a este abuso? Y si ha hecho algo, ¿dónde están los resultados? Por otro lado, desde su Ministerio sale un fuerte subsidio para el sector pesquero en términos de la entrega de combustibles por debajo del costo del gobierno. El subsidio promedia US $436,517 por buque industrial y US $93,240 por nave de pesca no industrial. Y nos preguntamos: ¿Cuál es la razón o sinrazón de ese enorme subsidio a un sector económicamente oligárquico mientras que a los industriales arroceros, quienes laboran tan cercana y estrechamente con el agricultor, prácticamente los declaran persona non grata y los persiguen como delincuentes comunes por el uso del gas? ¿No entiende el gobierno que al golpear al industrial arrocero golpea a la vez al pequeño, mediano y grande productor de arroz, que el pilador y el productor arrocero viven en una fuerte y perenne simbiosis? O ¿será que el magnate guayaquileño y los dueños de buques pesqueros están por encima de los piladores en categoría de ciudadanos?
Como dice Carlos Vera, no confundamos al enemigo. El enemigo no son las piladoras. El enemigo son los contrabandistas del gas y combustible. Usted mismo señaló que el 22% del gas total ecuatoriano se va de contrabando, mientras que el sector industrial y comercial usa sólo el 8% del mismo. Pero ese 22% de gas que se fuga por las fronteras no nos sirve de nada en este país y significa exclusivamente pérdida para el gobierno y un subsidio para pueblos de países ajenos. En cambio, los industriales arroceros inciden en el costo de la canasta básica ecuatoriana. De tal forma que una subida en el costo del gas para las tareas de secado de grano del sector industrial arrocero basado en el precio de la bombona de 45 kg. se traduciría en un alza de US $ 1.50 a 2.00 por quintal de arroz pilado. Y ese costo se tendría que trasladar hacia alguna parte. O se transfiere hacia el consumidor. Y, por ende, hacia a la canasta básica (no olvidemos que el arroz es la principal fuente de ingesta de carbohidratos para el ecuatoriano promedio y, en particular, el pobre). O, si no queremos tocar al ciudadano, el costo se reversa hacia el productor arrocero, lo cual sería una gran injusticia dado que dicho agricultor representa un sector sumamente vulnerable y sensible. No obstante, traslademos el costo hacia delante o hacia atrás, una realidad impera: la cadena arrocera se vuelve menos competitiva al incrementarse los costos industriales básicos de secado de grano. Todo esto pudiera culminar en que no podamos seguir exportando y desfogando arroz hacia Colombia al mismo ritmo de años anteriores y se nos forme tan alto excedente de la gramínea que los precios de este grano se derrumben hacia los abismales niveles de hace no mucho tiempo atrás, US $7 y 8 la saca de arroz en cáscara, cuando casi todos los productores arroceros coqueteamos con la quiebra y muchos cayeron en ella.
Por lo tanto, señor Ministro, le exhorto muy comedidamente, que enfoque legalmente el actual subsidio vigente al gas hacia el sector industrial arrocero ya que dicho grupo representa un irremplazable eslabón dentro de una de las más sensibles y vulnerables cadenas agroalimentarias del país, cuya cadena al la vez expresa por excelencia el concepto universal de la seguridad alimentaria. Es legítimo.
Agradeciendo de antemano la atención prestada a esta misiva, quedo
Respetuosamente,
Pedro López Juiz
Arrocero Agro-industrial
Montalvo, Los Ríos
cc. Eco. Rafael Correa Delgado, Presidente de la República; Ing. Carlos Vallejo López, Ministro de Agricultura
Dr. Alberto Acosta
Ministro de Energía y Minas
Quito, Ecuador
De mis consideraciones:
Cada día me afianzo más y más a la idea de que Ecuador es un país maravilloso, maravillosamente contradictorio. El caso del gas muestra un exquisito paradigma al caso.
Para empezar, señalo el Decreto Ejecutivo No. 196, publicado en el Registro Oficial No. 50 del 21 de octubre de 1996. En su Artículo 4, reza lo siguiente: “En caso de detectarse que el GLP para uso doméstico, es utilizado en actividades diferentes a la cocción de alimentos o salga ilícitamente del país, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, la Dirección Nacional de Hidrocarburos, las Intendencias, Comisarías Nacionales, Tenientes Políticos o los Jefes Políticos, procederán al decomiso (cursivas mías) de los cilindros comprometidos en esta irregularidad, debiendo entregarse a Petrocomercial, sin opción a reclamo alguno.” Sin embargo, la Constitución Política de la República del Ecuador señala en el Artículo 33 que: “Para fines de orden social determinados en la ley, las instituciones del Estado, mediante el procedimiento y en los plazos que señalen las normas procesales, podrán expropiar (cursivas mías), previa justa valoración, pago e indemnización, los bienes que pertenezcan al sector privado. Se prohíbe toda confiscación (cursivas y negritas mías).” El decreto mencionado es previo a la Constitución de 1998 citada. Además sabemos que ningún decreto puede estar por encima de la Constitución.
Por otra parte, el Art. 3 del Decreto Ejecutivo No. 196 establece que: “Para el consumo de GLP en industrial, hoteles y toda actividad de producción de bienes y servicios, con fines lucrativos, se utilizará exclusivamente cilindros de 45 kg. (cursivas mías), conforme establecido para el sector industrial…” Sin embargo, la sugerencia hecha bien intencionadamente por una importante comercializadora a los industriales de que instalaran tanques grandes arrojaría nuevamente a los industriales a la ilegalidad de acuerdo a este decreto, puesto que estos tanques 1) no son cilindros y 2) tienen capacidades más allá de los 45 kg. Pero lo más absurdo e irónico del caso descansa sobre el hecho de que los cilindros de 45 kg. prácticamente no existen en el país.
Contradicciones son lo que más abunda sobre el tema gás. Usted mismo, Señor Ministro, reveló en el programa “Cero Tolerancia” que un gran magnate guayaquileño se beneficia del Estado con US $5, 907,000 con el uso ilícito del gas doméstico en bombonas de 15 kg. Y nos preguntamos: ¿Qué ha hecho el gobierno actual para ponerle fin a este abuso? Y si ha hecho algo, ¿dónde están los resultados? Por otro lado, desde su Ministerio sale un fuerte subsidio para el sector pesquero en términos de la entrega de combustibles por debajo del costo del gobierno. El subsidio promedia US $436,517 por buque industrial y US $93,240 por nave de pesca no industrial. Y nos preguntamos: ¿Cuál es la razón o sinrazón de ese enorme subsidio a un sector económicamente oligárquico mientras que a los industriales arroceros, quienes laboran tan cercana y estrechamente con el agricultor, prácticamente los declaran persona non grata y los persiguen como delincuentes comunes por el uso del gas? ¿No entiende el gobierno que al golpear al industrial arrocero golpea a la vez al pequeño, mediano y grande productor de arroz, que el pilador y el productor arrocero viven en una fuerte y perenne simbiosis? O ¿será que el magnate guayaquileño y los dueños de buques pesqueros están por encima de los piladores en categoría de ciudadanos?
Como dice Carlos Vera, no confundamos al enemigo. El enemigo no son las piladoras. El enemigo son los contrabandistas del gas y combustible. Usted mismo señaló que el 22% del gas total ecuatoriano se va de contrabando, mientras que el sector industrial y comercial usa sólo el 8% del mismo. Pero ese 22% de gas que se fuga por las fronteras no nos sirve de nada en este país y significa exclusivamente pérdida para el gobierno y un subsidio para pueblos de países ajenos. En cambio, los industriales arroceros inciden en el costo de la canasta básica ecuatoriana. De tal forma que una subida en el costo del gas para las tareas de secado de grano del sector industrial arrocero basado en el precio de la bombona de 45 kg. se traduciría en un alza de US $ 1.50 a 2.00 por quintal de arroz pilado. Y ese costo se tendría que trasladar hacia alguna parte. O se transfiere hacia el consumidor. Y, por ende, hacia a la canasta básica (no olvidemos que el arroz es la principal fuente de ingesta de carbohidratos para el ecuatoriano promedio y, en particular, el pobre). O, si no queremos tocar al ciudadano, el costo se reversa hacia el productor arrocero, lo cual sería una gran injusticia dado que dicho agricultor representa un sector sumamente vulnerable y sensible. No obstante, traslademos el costo hacia delante o hacia atrás, una realidad impera: la cadena arrocera se vuelve menos competitiva al incrementarse los costos industriales básicos de secado de grano. Todo esto pudiera culminar en que no podamos seguir exportando y desfogando arroz hacia Colombia al mismo ritmo de años anteriores y se nos forme tan alto excedente de la gramínea que los precios de este grano se derrumben hacia los abismales niveles de hace no mucho tiempo atrás, US $7 y 8 la saca de arroz en cáscara, cuando casi todos los productores arroceros coqueteamos con la quiebra y muchos cayeron en ella.
Por lo tanto, señor Ministro, le exhorto muy comedidamente, que enfoque legalmente el actual subsidio vigente al gas hacia el sector industrial arrocero ya que dicho grupo representa un irremplazable eslabón dentro de una de las más sensibles y vulnerables cadenas agroalimentarias del país, cuya cadena al la vez expresa por excelencia el concepto universal de la seguridad alimentaria. Es legítimo.
Agradeciendo de antemano la atención prestada a esta misiva, quedo
Respetuosamente,
Pedro López Juiz
Arrocero Agro-industrial
Montalvo, Los Ríos
cc. Eco. Rafael Correa Delgado, Presidente de la República; Ing. Carlos Vallejo López, Ministro de Agricultura
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