Mi oficina
Mi oficina
en mi bolsillo,
el bolsillo dentro de mi SUV,
el SUV sobre un río asfáltico
lleno de llantas, gases, y ruido
que corre hacia
un mar de entropía,
sin peces,
sin Dios.
martes, 2 de noviembre de 2010
sábado, 13 de diciembre de 2008
Urna-manía: la idolatría del dios Voto
Urna-manía: la idolatría del dios Voto
Por
Pedro López Juiz
El populismo es indiscutiblemente el Sida de los procesos democráticos del Siglo XXI, particularmente en Latino-América. Se concentra en la manipulación de las tendencias de voto de un electorado susceptible a las maniobras mediáticas debido a que el mismo nada en un océano turbulento batido por vientos de información y desinformación de altísima velocidad que lo dejan desconcertado, desubicado y nauseabundo. De tal manera que al primer “buen samaritano” (o salvador, redentor, o líder mesiánico) que le tire un ancla donde amarrar sus ansiedades, confusión, iras y sueños, dicho elector le hace un altar. Y lo más importante: le da su voto; es decir, le entrega su alma política. De ahí en adelante el “líder” tiene a profundo compromiso: no defraudar al elector. Y para lograr eso eternamente, el “líder” tiene que acudir a la publicidad o, más vulgarmente dicho, la propaganda. Pero no sólo eso, sino también prohibir que cualquier falta del “líder” o los allegados o lacayos del “líder” lleguen al conocimiento del elector, de tal forma de que actos de corrupción de los mismos tienen que ser barridos debajo de la alfombra más cercana o súbitamente ser denunciados como anomalías cuando la oposición o la ciudadanía está a punto de descubrir la pudrición específica. Lo crucial y esencial es mantener la imagen del “líder” impecable, aunque en realidad sea puro maquillaje—más libre de pecados que la misma Virgen María.
Uno de los atributos que tiene que ser conservado como intocable dentro del populismo es el de su infatigable búsqueda del bien común, es decir, el bien de la mayoría, si el bien de todos se imposibilita en un determinado momento. El razonamiento es simple: la “mayoría” lleva, como lo implica la propia palabra, la más pesada fuerza numérica. Pero ojo: aquí “bien común” o “bien de la mayoría” está concatenado casi exclusivamente al concepto del bien a corto plazo y, predominantemente, al concepto del bien (para el líder, por supuesto) que se exprime de las urnas, caja mágica donde emanan todos los poderes del cacique populista de la modernidad. Entonces la urna se convierte en el prisma a través del cual dicho “líder” ve el mundo y juzga lo bueno, lo malo, y lo feo.
El sector arrocero es víctima de estos procesos urna-maniáticos del actual gobierno ecuatoriano. Ya se habla dentro del mismo de una posible importación de arroz ante “la proximidad del 26 de abril” de 2008, forma groseramente obvia de referirse a las elecciones generales del 27 de abril en el Ecuador, con la finalidad de “bajar apreciablemente la inflación” y “para estabilizar el precio ante una segura subida de los mismos”. Y me pregunto: ¿se puede ser más cínico? Pero antes de pasar a mostrar las absurdas incoherencias de este planteamiento, quisiera hacer un breve repaso a la historia de los campos arroceros de tres países latino-americanos para mostrar cuán apocalíptica pudiera ser una importación de arroz a este país, por pequeña o amigable que pueda ser la misma.
Los casos de México, Honduras y Haití muestran cuán sensible y vulnerable es el arroz para nuestros países de América Latina y cuán nefasto efecto tiene la importación del arroz estadounidense (o proveniente de cualquier otro país) a los mismos. De 30,000 productores de arroz que habían en México antes del TLCAN (el TLC entre México, Estados Unidos, y Canadá), hoy quedan sólo 5,200 arroceros. Antes del TLCAN existían 250,000 hectáreas sembradas de arroz; después de 10 años de ese injusto tratado, sobrevivían apenas 70,000 hectáreas. Hoy por hoy el 85% del arroz consumido en México proviene de EE.UU. Sin embargo, estas importaciones masivas de arroz del Coloso del Norte (que ascendieron desde 250,000 TM en 1993 a 800,000 TM diez años después) no ayudaron en nada a detener en México la estrepitosa trepada de un 257% del costo de la canasta básica.
Todo esto fue el resultado de un TLC, pero el caso de Honduras no necesitó de un Tratado de Libre Comercio para llegar a las mismas consecuencias que México. Se requirió sólo que un gobierno apátrida redujera los aranceles al arroz gringo para que el país se inundara de la gramínea y quebrara a miles de arroceros hondureños, la mayor parte de ellos, como siempre en estos barbáricos procesos, pequeños y medianos productores.En el año 1991 Honduras sufrió una sequía que afectó la cosecha nacional del arroz, y brusca y apresuradamente el gobierno de ese país decidió reducir el arancel a las importaciones de arroz para cubrir el supuesto déficit. Esta medida ocasionó que en pocos meses se importara una cantidad de arroz equivalente al consumo nacional anual, de tal manera que cuando entró la próxima cosecha los productores arroceros carecían de mercado al cual vender su grano, puesto que los industriales estaban repletos de la gramínea importada del Norte. Este fenómeno, conocido en Honduras como el arrozazo y combinado con otro similar ocurrido en el año 1998 cuando el Huracán Mitch arrasó por el país y Honduras recibió ayuda alimentaria de EE.UU., incluyendo arroz, devastó el sector arrocero, causando que la producción del grano desde 1991 a 2002 se redujera un 86% y que el número de productores cayera de 25,000 a menos de 2,000, mientras que el relacionado número de empleos directos e indirectos pasaba de 150,000 a 11,200. Cuando en 1989 se habían importado 5,000 TM, en 2002 Honduras importó 145,441 toneladas de arroz estadounidenses, equivalente al 95% del consumo nacional—lo cual significa que el gasto de las importaciones de arroz se incrementó de 1 millón a más de 20 millones de dólares anuales. No obstante la competencia desleal del arroz de EE.UU. que emana de las medidas de dumping de dicho país, el precio del arroz al consumidor en Honduras ha subido en términos reales un 12% en un período de 10 años.
El caso del arroz haitiano es tan pavoroso como el hondureño. En este tercer ejemplo, también se evidencia la mano de EE.UU. manipulando las cuerdas detrás del telón para facilitar el cierre del último acto de la obra de un país arrocero. Dos décadas atrás, Haití era casi autosuficiente en arroz. Pero en el año 1986 por las exigencias perversas de los prestamistas internacionales, incluyendo el Fondo Monetario Internacional, Haití abrió su mercado arrocero a EE.UU. Es decir, el gobierno militar haitiano de ese entonces aceptó préstamos internacionales a cambio de la apertura del jugoso sector de ese grano. El resultado inmediato fue que la producción de la gramínea se redujera en un 50% mientras que las importaciones de arroz estadounidense se multiplicaran por un factor de 50. Los primeros embarques de arroz procedentes del país del Norte tuvieron que ser escoltados por el ejército armado nacional para poder llegar a sus destinos locales sin ser atacados por los iracundos arroceros nativos. En 1994 las barreras proteccionistas a favor del grano fueron reducidas aún más, de un arancel de 35% a uno de 3%, el más bajo en la región (comparativamente, la República Dominicana mantenía un arancel de 40% en aquel entonces), cuando el derrocado ex-Presidente Jean-Bertrand Aristide negoció su retorno al poder basado, entre otras cosas, en una mayor apertura al arroz estadounidense. El desenlace de esta serie de claudicaciones comerciales es que hoy por hoy el 75% del arroz consumido en Haití provenga de EE.UU., y colateralmente que, de un país con una población de 8 millones de habitantes, haya emigrado un millón de ciudadanos a tierras norteamericanas.
Por supuesto, aquí en el Ecuador el TLC con EE.UU. fue echado al tacho de basura de la historia, como solía decir el candidato Rafael Correa antes de ser elegido Presidente de la República. (Pero ojo: en el gobierno de la Revolución Ciudadana se cocinan TLCes con Canadá y México, ambos miembros del TLCAN—lo cual pudiera significar un TLC indirecto con el tercer integrante de dicho tratado: Estados Unidos de América.) Por otro lado, no hemos sido azotado por una sequía, ni tampoco nos abruma el caos político como el que afligió al país que gobernó Jean-Bertrand Aristide. Lo que sí nos mata es una sequía de ideas, una ignorancia galopante y un marasmo moral, que conllevan a que algún burócrata, de alto, mediano o bajo nivel, haga las descabelladas recomendaciones de importación de arroz anteriormente señaladas.
En este momento existen más de 550,000 quintales o 25,000 toneladas métricas de arroz pilado en las distintas bodegas de la UNA (Unidad Nacional de Almacenamiento). Entonces, ¿en qué tipo de cabeza cabe estar recomendando “importar una pequeña cantidad de arroz” cuando fácilmente el gobierno puede aflojar al mercado el arroz que ya tiene comprado y almacenado en su bodega oficial, la UNA, y regular los precios a su antojo? Se ve claramente que la intención es afectar el mercado de precios del arroz ecuatoriano a través del fácil y barato “bluff”, es decir, amenazar verbalmente con importar para luego no hacer nada como ocurrió el año pasado. Pero los resultados fueron nefastos y crueles para el sector arrocero: en cuestión de días se desplomaron los precios siete dólares por saca de arroz en cáscara de 205 libras. Como decía mi padre, el que empuja no se da golpe. Esto también se llama abuso de poder.
La desgracia nuestra es haber apoyado a un candidato que, una vez que llegó a la Presidencia, cambió su Ph.D. en Economía por uno en Populismo. Ahora vemos que en realidad nunca le interesó ni le conmovió el Agro. Ahora lo mira con un ojo para ver cómo lo ordeña para beneficio de la Urbe, donde residen populosas masas de votantes. Y el otro lo fija lascivamente sobre la Urna, su gran pasión y obcecación.
Por
Pedro López Juiz
El populismo es indiscutiblemente el Sida de los procesos democráticos del Siglo XXI, particularmente en Latino-América. Se concentra en la manipulación de las tendencias de voto de un electorado susceptible a las maniobras mediáticas debido a que el mismo nada en un océano turbulento batido por vientos de información y desinformación de altísima velocidad que lo dejan desconcertado, desubicado y nauseabundo. De tal manera que al primer “buen samaritano” (o salvador, redentor, o líder mesiánico) que le tire un ancla donde amarrar sus ansiedades, confusión, iras y sueños, dicho elector le hace un altar. Y lo más importante: le da su voto; es decir, le entrega su alma política. De ahí en adelante el “líder” tiene a profundo compromiso: no defraudar al elector. Y para lograr eso eternamente, el “líder” tiene que acudir a la publicidad o, más vulgarmente dicho, la propaganda. Pero no sólo eso, sino también prohibir que cualquier falta del “líder” o los allegados o lacayos del “líder” lleguen al conocimiento del elector, de tal forma de que actos de corrupción de los mismos tienen que ser barridos debajo de la alfombra más cercana o súbitamente ser denunciados como anomalías cuando la oposición o la ciudadanía está a punto de descubrir la pudrición específica. Lo crucial y esencial es mantener la imagen del “líder” impecable, aunque en realidad sea puro maquillaje—más libre de pecados que la misma Virgen María.
Uno de los atributos que tiene que ser conservado como intocable dentro del populismo es el de su infatigable búsqueda del bien común, es decir, el bien de la mayoría, si el bien de todos se imposibilita en un determinado momento. El razonamiento es simple: la “mayoría” lleva, como lo implica la propia palabra, la más pesada fuerza numérica. Pero ojo: aquí “bien común” o “bien de la mayoría” está concatenado casi exclusivamente al concepto del bien a corto plazo y, predominantemente, al concepto del bien (para el líder, por supuesto) que se exprime de las urnas, caja mágica donde emanan todos los poderes del cacique populista de la modernidad. Entonces la urna se convierte en el prisma a través del cual dicho “líder” ve el mundo y juzga lo bueno, lo malo, y lo feo.
El sector arrocero es víctima de estos procesos urna-maniáticos del actual gobierno ecuatoriano. Ya se habla dentro del mismo de una posible importación de arroz ante “la proximidad del 26 de abril” de 2008, forma groseramente obvia de referirse a las elecciones generales del 27 de abril en el Ecuador, con la finalidad de “bajar apreciablemente la inflación” y “para estabilizar el precio ante una segura subida de los mismos”. Y me pregunto: ¿se puede ser más cínico? Pero antes de pasar a mostrar las absurdas incoherencias de este planteamiento, quisiera hacer un breve repaso a la historia de los campos arroceros de tres países latino-americanos para mostrar cuán apocalíptica pudiera ser una importación de arroz a este país, por pequeña o amigable que pueda ser la misma.
Los casos de México, Honduras y Haití muestran cuán sensible y vulnerable es el arroz para nuestros países de América Latina y cuán nefasto efecto tiene la importación del arroz estadounidense (o proveniente de cualquier otro país) a los mismos. De 30,000 productores de arroz que habían en México antes del TLCAN (el TLC entre México, Estados Unidos, y Canadá), hoy quedan sólo 5,200 arroceros. Antes del TLCAN existían 250,000 hectáreas sembradas de arroz; después de 10 años de ese injusto tratado, sobrevivían apenas 70,000 hectáreas. Hoy por hoy el 85% del arroz consumido en México proviene de EE.UU. Sin embargo, estas importaciones masivas de arroz del Coloso del Norte (que ascendieron desde 250,000 TM en 1993 a 800,000 TM diez años después) no ayudaron en nada a detener en México la estrepitosa trepada de un 257% del costo de la canasta básica.
Todo esto fue el resultado de un TLC, pero el caso de Honduras no necesitó de un Tratado de Libre Comercio para llegar a las mismas consecuencias que México. Se requirió sólo que un gobierno apátrida redujera los aranceles al arroz gringo para que el país se inundara de la gramínea y quebrara a miles de arroceros hondureños, la mayor parte de ellos, como siempre en estos barbáricos procesos, pequeños y medianos productores.En el año 1991 Honduras sufrió una sequía que afectó la cosecha nacional del arroz, y brusca y apresuradamente el gobierno de ese país decidió reducir el arancel a las importaciones de arroz para cubrir el supuesto déficit. Esta medida ocasionó que en pocos meses se importara una cantidad de arroz equivalente al consumo nacional anual, de tal manera que cuando entró la próxima cosecha los productores arroceros carecían de mercado al cual vender su grano, puesto que los industriales estaban repletos de la gramínea importada del Norte. Este fenómeno, conocido en Honduras como el arrozazo y combinado con otro similar ocurrido en el año 1998 cuando el Huracán Mitch arrasó por el país y Honduras recibió ayuda alimentaria de EE.UU., incluyendo arroz, devastó el sector arrocero, causando que la producción del grano desde 1991 a 2002 se redujera un 86% y que el número de productores cayera de 25,000 a menos de 2,000, mientras que el relacionado número de empleos directos e indirectos pasaba de 150,000 a 11,200. Cuando en 1989 se habían importado 5,000 TM, en 2002 Honduras importó 145,441 toneladas de arroz estadounidenses, equivalente al 95% del consumo nacional—lo cual significa que el gasto de las importaciones de arroz se incrementó de 1 millón a más de 20 millones de dólares anuales. No obstante la competencia desleal del arroz de EE.UU. que emana de las medidas de dumping de dicho país, el precio del arroz al consumidor en Honduras ha subido en términos reales un 12% en un período de 10 años.
El caso del arroz haitiano es tan pavoroso como el hondureño. En este tercer ejemplo, también se evidencia la mano de EE.UU. manipulando las cuerdas detrás del telón para facilitar el cierre del último acto de la obra de un país arrocero. Dos décadas atrás, Haití era casi autosuficiente en arroz. Pero en el año 1986 por las exigencias perversas de los prestamistas internacionales, incluyendo el Fondo Monetario Internacional, Haití abrió su mercado arrocero a EE.UU. Es decir, el gobierno militar haitiano de ese entonces aceptó préstamos internacionales a cambio de la apertura del jugoso sector de ese grano. El resultado inmediato fue que la producción de la gramínea se redujera en un 50% mientras que las importaciones de arroz estadounidense se multiplicaran por un factor de 50. Los primeros embarques de arroz procedentes del país del Norte tuvieron que ser escoltados por el ejército armado nacional para poder llegar a sus destinos locales sin ser atacados por los iracundos arroceros nativos. En 1994 las barreras proteccionistas a favor del grano fueron reducidas aún más, de un arancel de 35% a uno de 3%, el más bajo en la región (comparativamente, la República Dominicana mantenía un arancel de 40% en aquel entonces), cuando el derrocado ex-Presidente Jean-Bertrand Aristide negoció su retorno al poder basado, entre otras cosas, en una mayor apertura al arroz estadounidense. El desenlace de esta serie de claudicaciones comerciales es que hoy por hoy el 75% del arroz consumido en Haití provenga de EE.UU., y colateralmente que, de un país con una población de 8 millones de habitantes, haya emigrado un millón de ciudadanos a tierras norteamericanas.
Por supuesto, aquí en el Ecuador el TLC con EE.UU. fue echado al tacho de basura de la historia, como solía decir el candidato Rafael Correa antes de ser elegido Presidente de la República. (Pero ojo: en el gobierno de la Revolución Ciudadana se cocinan TLCes con Canadá y México, ambos miembros del TLCAN—lo cual pudiera significar un TLC indirecto con el tercer integrante de dicho tratado: Estados Unidos de América.) Por otro lado, no hemos sido azotado por una sequía, ni tampoco nos abruma el caos político como el que afligió al país que gobernó Jean-Bertrand Aristide. Lo que sí nos mata es una sequía de ideas, una ignorancia galopante y un marasmo moral, que conllevan a que algún burócrata, de alto, mediano o bajo nivel, haga las descabelladas recomendaciones de importación de arroz anteriormente señaladas.
En este momento existen más de 550,000 quintales o 25,000 toneladas métricas de arroz pilado en las distintas bodegas de la UNA (Unidad Nacional de Almacenamiento). Entonces, ¿en qué tipo de cabeza cabe estar recomendando “importar una pequeña cantidad de arroz” cuando fácilmente el gobierno puede aflojar al mercado el arroz que ya tiene comprado y almacenado en su bodega oficial, la UNA, y regular los precios a su antojo? Se ve claramente que la intención es afectar el mercado de precios del arroz ecuatoriano a través del fácil y barato “bluff”, es decir, amenazar verbalmente con importar para luego no hacer nada como ocurrió el año pasado. Pero los resultados fueron nefastos y crueles para el sector arrocero: en cuestión de días se desplomaron los precios siete dólares por saca de arroz en cáscara de 205 libras. Como decía mi padre, el que empuja no se da golpe. Esto también se llama abuso de poder.
La desgracia nuestra es haber apoyado a un candidato que, una vez que llegó a la Presidencia, cambió su Ph.D. en Economía por uno en Populismo. Ahora vemos que en realidad nunca le interesó ni le conmovió el Agro. Ahora lo mira con un ojo para ver cómo lo ordeña para beneficio de la Urbe, donde residen populosas masas de votantes. Y el otro lo fija lascivamente sobre la Urna, su gran pasión y obcecación.
sábado, 12 de enero de 2008
A los arroceros nos quieren cortar las alas
A los arroceros nos quieren cortar las alas
Por
Pedro López Juiz
Por lo que vemos, Ecuador se está convirtiendo en un Teatro del Absurdo a lo Pirandello. Hay una hipersensibilidad que anda acosando el país. Y el ente que más hipersensibilidad muestra es indiscutiblemente el Gobierno. Cualquier cosita lo exaspera y lo hace lanzar llamas por la boca. El alza en los precios de los alimentos básicos, en particular, saca al Presidente de la República de sus estribos. Ve detrás de esto una conspiración oscura en contra de su gobierno, a pesar de que ya para estas alturas debe de estar enterado de que el alza de los precios de los granos es mundial (ver mi artículo “Los arroceros no tenemos la culpa” publicado el 23 de diciembre de 2007 en bilaterals.org).
Pero ahora viene el martillazo de Año Nuevo, la noticia referente al pan (harina de trigo) y al arroz la cual fue difundida por el diario El Universo: “En ambos casos, anunció Correa, el régimen esperará un tiempo prudencial para que los precios se estabilicen. Si esto no ocurre, se impondrían precios oficiales (también para el aceite) e incluso se permitiría la importación de arroz subsidiado.”
¡La importación de arroz subsidiado! ¡Qué horror! ¿No fue eso contra lo cual luchamos en nuestra oposición al TLC con Estados Unidos? Y ahora el Presidente Correa nos amenaza con importar arroz subsidiado, es decir, ¡arroz estadounidense! ¡Cómo cambian las cosas de repente en el siglo XXI! ¡Lo que es el tiempo (sólo un añito de gobierno) y la mala memoria! A quien apoyamos los arroceros por su postura intransigente frente al TLC ahora nos mece encima de nuestras cabezas una espada que produciría los mismos efectos que hubiera desatado dicho tratado: la perniciosa importación de arroz subsidiado al más del 50% de su costo por la Potencia del Norte. Es decir, el TLC anterior ahora se transforma en un Te Largo un Correazo si molestas mucho. En contraste, un defensor del libre comercio, el economista Walter Spurrier Baquerizo, nos trata inesperadamente con gran generosidad y compresión en su artículo “El precio del arroz” publicado en el diario anteriormente mencionado. El señor Spurrier observa: “El alza en el precio de los productos básicos nos va a favorecer como productores y nos va a golpear como consumidores, pero en su conjunto es beneficioso para el país.” Y concluye: “Pretender que nuestros productores tengan que subsidiar a los consumidores sería injusto para los arroceros, así como para los ganaderos y maiceros.” A nosotros nos parece, no sólo injusto, sino descabellado que por un lado el gobierno se obceque por subsidiar el pan proveniente de trigo que es importado en un 99% y por el otro nos exija a nosotros, productores nacionales, que bajemos los precios (lo cual equivaldría a que subvencionemos la canasta básica ecuatoriana a la fuerza) so pena de recibir el garrotazo de una importación. ¿Qué pasó con el libre comercio interno, con la libre empresa? O ¿éste es uno de los primeros pasos rumbo a la Socialismo del Siglo XXI a Patazos?
Las irracionalidades, los absurdos, abundan, como grillos al inicio de invierno en la Costa. En su defensa del 70% de impuesto a la herencia, el Presidente Correa usó como escudo a Japón, señalando que en ese país dicho impuesto se encuentra por ese orden. Pero ¿por qué no hace la misma comparación entre nuestro arroz y el arroz japonés? Nuestro arroz está a US $35 el quintal, mientras que el arroz japonés de variedad Koshi tiene el precio de US $109.55 el quintal. Tal vez entonces ¿los arroceros ecuatorianos deberíamos subir el precio unos 70 dolarcitos más? Por otro lado, el precio del petróleo toca los US $100 por barril para arrancar el año y cierra con el histórico de $99.62. ¿Por qué no se queja el gobierno de esta subida y en solidaridad con los pobres del planeta ofrece el crudo ecuatoriano a un precio asequible a ellos?
No hay que ser economista para entender que bajamos precios incrementando producción. La producción se incentiva con buenos precios, no con importaciones, peor con importaciones de productos subsidiados y competencia desleal. Los buenos precios hincan al arrocero a sembrar más hectáreas, o como digo yo, a sembrar hasta en las azoteas. También la reducción de costos de producción adicionalmente coadyuva a bajar precios. Nuestros costos de insumos están por las nubes. La úrea toca los US $30 y el Glifosato en unos cuantos meses dobla su precio, de $2.50 a $5.00, y sigue trepando como alpinista, pero ahí no hay control de precios. El SESA sigue estrangulando la salida de registros de pesticidas genéricos, favoreciendo a las Transnacionales, dueñas de moléculas monopólicas, para que puedan seguir haciendo su agosto eterno a expensas del agricultor. Ahí el gobierno no dice ni pío. Pero sí habla mucho sobre la especulación y el alza de precios de los comestibles, sin analizar las verdaderas causas, nacionales e internacionales, de este fenómeno. El infantilismo emocional y verbal campea.
En conclusión, no nos queda otra opción que señalar lo siguiente: si es cierto que “una cocina sin arroz,” como dijo Confucio en un momento, “es como una mujer hermosa a la que le faltara un ojo,” también es verdad que un gobierno sin una óptica clara, coherente y equilibrada es como un barco al que se le perdió la brújula y se le quebró el timón.
Por
Pedro López Juiz
Por lo que vemos, Ecuador se está convirtiendo en un Teatro del Absurdo a lo Pirandello. Hay una hipersensibilidad que anda acosando el país. Y el ente que más hipersensibilidad muestra es indiscutiblemente el Gobierno. Cualquier cosita lo exaspera y lo hace lanzar llamas por la boca. El alza en los precios de los alimentos básicos, en particular, saca al Presidente de la República de sus estribos. Ve detrás de esto una conspiración oscura en contra de su gobierno, a pesar de que ya para estas alturas debe de estar enterado de que el alza de los precios de los granos es mundial (ver mi artículo “Los arroceros no tenemos la culpa” publicado el 23 de diciembre de 2007 en bilaterals.org).
Pero ahora viene el martillazo de Año Nuevo, la noticia referente al pan (harina de trigo) y al arroz la cual fue difundida por el diario El Universo: “En ambos casos, anunció Correa, el régimen esperará un tiempo prudencial para que los precios se estabilicen. Si esto no ocurre, se impondrían precios oficiales (también para el aceite) e incluso se permitiría la importación de arroz subsidiado.”
¡La importación de arroz subsidiado! ¡Qué horror! ¿No fue eso contra lo cual luchamos en nuestra oposición al TLC con Estados Unidos? Y ahora el Presidente Correa nos amenaza con importar arroz subsidiado, es decir, ¡arroz estadounidense! ¡Cómo cambian las cosas de repente en el siglo XXI! ¡Lo que es el tiempo (sólo un añito de gobierno) y la mala memoria! A quien apoyamos los arroceros por su postura intransigente frente al TLC ahora nos mece encima de nuestras cabezas una espada que produciría los mismos efectos que hubiera desatado dicho tratado: la perniciosa importación de arroz subsidiado al más del 50% de su costo por la Potencia del Norte. Es decir, el TLC anterior ahora se transforma en un Te Largo un Correazo si molestas mucho. En contraste, un defensor del libre comercio, el economista Walter Spurrier Baquerizo, nos trata inesperadamente con gran generosidad y compresión en su artículo “El precio del arroz” publicado en el diario anteriormente mencionado. El señor Spurrier observa: “El alza en el precio de los productos básicos nos va a favorecer como productores y nos va a golpear como consumidores, pero en su conjunto es beneficioso para el país.” Y concluye: “Pretender que nuestros productores tengan que subsidiar a los consumidores sería injusto para los arroceros, así como para los ganaderos y maiceros.” A nosotros nos parece, no sólo injusto, sino descabellado que por un lado el gobierno se obceque por subsidiar el pan proveniente de trigo que es importado en un 99% y por el otro nos exija a nosotros, productores nacionales, que bajemos los precios (lo cual equivaldría a que subvencionemos la canasta básica ecuatoriana a la fuerza) so pena de recibir el garrotazo de una importación. ¿Qué pasó con el libre comercio interno, con la libre empresa? O ¿éste es uno de los primeros pasos rumbo a la Socialismo del Siglo XXI a Patazos?
Las irracionalidades, los absurdos, abundan, como grillos al inicio de invierno en la Costa. En su defensa del 70% de impuesto a la herencia, el Presidente Correa usó como escudo a Japón, señalando que en ese país dicho impuesto se encuentra por ese orden. Pero ¿por qué no hace la misma comparación entre nuestro arroz y el arroz japonés? Nuestro arroz está a US $35 el quintal, mientras que el arroz japonés de variedad Koshi tiene el precio de US $109.55 el quintal. Tal vez entonces ¿los arroceros ecuatorianos deberíamos subir el precio unos 70 dolarcitos más? Por otro lado, el precio del petróleo toca los US $100 por barril para arrancar el año y cierra con el histórico de $99.62. ¿Por qué no se queja el gobierno de esta subida y en solidaridad con los pobres del planeta ofrece el crudo ecuatoriano a un precio asequible a ellos?
No hay que ser economista para entender que bajamos precios incrementando producción. La producción se incentiva con buenos precios, no con importaciones, peor con importaciones de productos subsidiados y competencia desleal. Los buenos precios hincan al arrocero a sembrar más hectáreas, o como digo yo, a sembrar hasta en las azoteas. También la reducción de costos de producción adicionalmente coadyuva a bajar precios. Nuestros costos de insumos están por las nubes. La úrea toca los US $30 y el Glifosato en unos cuantos meses dobla su precio, de $2.50 a $5.00, y sigue trepando como alpinista, pero ahí no hay control de precios. El SESA sigue estrangulando la salida de registros de pesticidas genéricos, favoreciendo a las Transnacionales, dueñas de moléculas monopólicas, para que puedan seguir haciendo su agosto eterno a expensas del agricultor. Ahí el gobierno no dice ni pío. Pero sí habla mucho sobre la especulación y el alza de precios de los comestibles, sin analizar las verdaderas causas, nacionales e internacionales, de este fenómeno. El infantilismo emocional y verbal campea.
En conclusión, no nos queda otra opción que señalar lo siguiente: si es cierto que “una cocina sin arroz,” como dijo Confucio en un momento, “es como una mujer hermosa a la que le faltara un ojo,” también es verdad que un gobierno sin una óptica clara, coherente y equilibrada es como un barco al que se le perdió la brújula y se le quebró el timón.
Los arroceros no tenemos la culpa
Los arroceros no tenemos la culpa
Por
Pedro López Juiz
No cabe duda de que el alza de precio de cualquier alimento básico emite un efecto mucho más contundente y visible que el incremento del costo de cualquier otro commodity de índole no alimentaria, sea éste el petróleo, el acero o el oro. Y es que con los alimentos vamos directamente a la zona más vital del ser humano: su estómago. Sin combustibles, se acaban los carros. Sin alimentos, desaparece la humanidad.
Ahora bien, los arroceros no somos los culpables de la subida espectacular del precio del arroz en los últimos doce meses en el Ecuador. Para una explicación de este fenómeno tenemos que tender la vista hacia otros lares, en particular, hacia el Norte, es decir, los países desarrollados. No obstante, hay un tema central que corre a través de todo este problema y amenaza con tocar y afectar muchas otras áreas de la vida. Ese tema es la energía.
Todos los seres vivientes necesitamos energía. Así de igual las maquinarias, y más notoriamente los vehículos. Lo que complica la condición humana hoy por hoy de forma singular y sin precedentes es que lo vehículos comienzan a imitar a los seres humanos al abrírseles el apetito por una fuente común de energía: los vegetales. Aquí se origina el tremendo enredo y la espiral de precios ascendente que se escapa de las manos de nosotros los cultivadores de granos básicos.
El germen del interés en los aceites de granos como el maíz y la soya surgió por el 1974 cuando Estados Unidos era golpeado por el embargo petrolero impuesto por la Organización de Países Exportadores de Petróleo, entidad en la cual Ecuador ingresó por segunda vez recientemente. Ese año el Congreso estadounidense emitió varias leyes para impulsar la producción de etanol a partir del maíz como combustible alternativo. Por esos tiempos el etanol también comenzó a incurrir en el terreno energético como sustituto parcial del plomo, sustancia tóxica, en la gasolina.
Desde ese entonces el número de refinerías de etanol operativas en Estados Unidos explosionó, según la Asociación de Combustibles Renovables, de tal forma que a finales de 2006 había 110 refinerías de este combustible alternativo. De las mismas refinerías, muchas se estaban ampliando, y 73 se estaban construyendo adicionalmente. Con la conclusión de estos proyectos, hacia fines de 2008, Estados Unidos alcanzaría la capacidad de producción de etanol de 11,400 millones de galones al año. No obstante, el presidente George Bush instó al país a producir 35,000 millones de galones anuales de combustible renovable para el año 2017, es decir, tres veces la capacidad proyectada para el 2008.
El fenómeno etanol, por otra parte, no es sólo un acontecimiento estadounidense. También Brasil es líder en el rubro. En 2005, la producción mundial de etanol fue de 9,660 millones de galones. De estos Brasil produjo 45.2% (pero a partir de la caña de azúcar) y Estados Unidos 44.5% (a partir del maíz). El fenómeno biodiesel, en cambio, es liderado por Europa, la cual produce la mayor parte de los casi 1,000 millones de galones de este combustible renovable.
Indiscutiblemente, el fenómeno etanol se ha convertido en el factor que más afecta los precios de los granos a nivel mundial, puesto que representa más del 90% de todo el combustible alternativo producido actualmente en el mundo. Pero dentro de ese esquema el país que más infla los mismos es Estados Unidos. Aunque representa por sí solo el 40% de la producción total mundial de maíz, Estado Unidos genera más del 50% de todas las exportaciones del grano a nivel internacional, lanzando olas de afectación económica a lo largo y ancho del planeta. Otro elemento que complica la situación de los precios de los granos es el costo de la urea a nivel internacional. En septiembre de 2006, el precio promedio de la urea en Arkansas era US $260 por tonelada. En el 2007 subió a $420 y 440 por tonelada, con tendencias alcistas imparables en el futuro. La trepada del precio del nitrógeno ocurre en un momento cuando la producción estadounidense del mismo está en declive. Esta caída productiva de nitrógeno por parte de Estados Unidos está justificada por el hecho de que los costos del gas natural componen la mayor parte de los costos de producción del amonio anhidro, fuente muy importante de nitrógeno en ese país, y los precios del gas natural se han elevado tremendamente al igual que los del petróleo. De tal manera que mientras que durante el período 1985-2000 Estados Unidos importaba entre el 20 y el 25% del total de insumos nitrogenados, ya para el 2005 la nación importaba el 85% del nitrógeno para uso en fertilizaciones nacionales.
Se prevé que en unos cuantos años las plantas de etanol norteamericanas consumirán hasta la mitad de las existencias estadounidenses de maíz. La demanda de etanol rebajará los inventarios de maíz de 2007 a sus niveles más bajos desde 1995 (año de sequía), a pesar de que el año 2006 arrojó la tercera mayor cosecha de maíz según los registros históricos. Se especula que en un futuro no muy lejano el estado de Iowa, corazón de la producción maicera de Estados Unidos, se convierta en importador de la gramínea. Todo esto a pesar de que los agricultores están plantando más hectáreas con maíz y menos hectáreas con otros cultivos. Entonces entra a jugar un papel importante la sustitución de productos. El maíz desplaza a otros granos en la siembra, pero las refinerías de etanol siguen tragándose el maíz como si fuera agua y rebajando inventarios a niveles críticos. Y a la vez los otros granos, como el arroz y el trigo, comienzan a desplazar al maíz como alimento y se disparan en precio por la mayor demanda de sí mismos. Es decir, una espiral de precios hacia las nubes imbatible. Para complicar aún más las cosas, se lanzan al ruedo los especuladores en el Chicago Board of Trade y los contratos a futuro del arroz alcanzan un máximo histórico. Es más, jugadores poco tradicionales en este sector, como los fondos de cobertura, están transando arroz. En Tailandia, el mayor exportador de arroz del mundo, el precio del arroz de grano largo ha subido casi un 20% en lo que va del año.
La debilidad del dólar tampoco ayuda a frenar los precios de los granos básicos, ni la inestabilidad del Medio Oriente, principal fuente del petróleo mundial, ni la desmesuradamente creciente apetencia de China y India por los hidrocarburos. El consumo de energía mundial se elevará 71% entre 2003 y 2030, y a ese incremento China e India aportarán descomunalmente.
La Unión Europea también muestra una fuerte afición por entrar el club mundial de los grandes productores de combustibles alternativos para no quedarse detrás de países como Estados Unidos y Brasil. El biodiesel europeo proviene de semillas de canola y girasol. En 2005 la Unión Europea (UE) produjo 890 millones de galones de biodiesel, más de 80% del total mundial. La Política Agrícola Común de la UE también promociona la producción de etanol a partir de una combinación de remolacha y trigo. Bruselas desea que el 5.75% del combustible de motores consumido en la UE provenga de los biocombustibles hacia 2010 y 10% hacia 2020.
Pudiéramos decir que es desalmado darle preferencia al vehículo por encima del ser humano con respecto a los alimentos básicos; en particular, cuando llenar el tanque de 25 galones de un SUV (vehículo utilitario deportivo, por sus siglas en inglés—sports utility vehicle) con etanol puro requiere más de 204 kilogramos de maíz, cantidad de dicho grano que contiene las calorías suficientes para alimentar a una persona durante un año. Pero cuando una transnacional poderosa le pone el ojo a un rubro y luego lo muerde con la fiereza dental de un Rottweiler, es difícil, sino imposible, que algo o alguien le haga soltar la presa. Así ha sucedido con Archer Daniels Midland Company (ADM), hoy por hoy la mayor productora de etanol del mercado estadounidense. Siguiendo con la metáfora canina, diríamos que ADM es el rabo corporativo que mueve al perro gubernamental, tan fuertes son sus poderes de cabildeo dentro de cualquier gobierno, demócrata o republicano, de ese país.
En otras palabras, ADM es un monstruo. Empezó en la década de 1970 a hacer etanol y otros productos resultantes de la molienda de maíz húmedo, como el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa. Para el 1980 ADM producía 175 millones de galones de etanol al año, y adicionalmente el jarabe de maíz con alto nivel de fructosa se había convertido ubicuo en los alimentos procesados. (Los expertos en el tema de edulcorantes aseveran que ADM fue el artífice de las leyes proteccionistas que establecieron las cuotas para el azúcar en el 1982 y que hasta el momento siguen en vigencia. Dichas leyes abrieron el camino para el dominio monopólico de ADM en el campo de los edulcorantes a pesar de serias evidencias de los efectos de la fructosa sobre la salud humana.) En 2006 ADM era la productora más grande de etanol en Estados Unidos con una refinación de más de 1,070 millones de galones al año, cuatro veces más que su rival más cercana, VeraSun Energy. Con todo el poderío económico y de cabildeo inherente en ADM, no es sorprendente conocer que el gobierno estadounidense ha otorgado un crédito fiscal de 51 centavos de dólar por galón a los productores de etanol e imponiendo un arancel de 54 centavos de dólar por galón para la importaciones del mismo, blindando a ADM y demás refinerías estadounidenses, como Estados Unidos muy bien sabe hacer cuando existen intereses especiales, contra cualquier tipo de competencia foránea, como la de Brasil, país que produce etanol a costos menores que EEUU debido a que el etanol brasileño proviene de la caña de azúcar, el cual produce 662 galones de etanol por acre versus los 354 galones etanol que se cosechan y procesan de un acre de maíz norteamericano.
Las personas más pobres del mundo ya gastan de 50 a 80% de su ingreso total familiar en alimentos. Y los azotes de la subida de ciertos alimentos básicos ya comienzan a sentirse, en particular, en el Tercer Mundo. A finales de 2006, el precio de la harina para la tortilla en México, que, a pesar de ser epicentro histórico del cultivo de la gramínea, importa el 80% de su maíz de Estados Unidos gracias al nefasto TLCAN con su vecino norteño, se duplicó debido al alza en los precios del maíz norteamericano de 2.80 a 4.20 dólares por búshel (27.22 kilogramos). Ya hablamos de la subida sorprendente del precio del arroz a nivel mundial. En el Ecuador también el arroz ha alcanzado precios altos históricos y mostraban un ascenso vertiginoso apuntando hacia los 35 y 40 dólares el quintal, de tal forma que el Presidente de la República Rafael Correa se vio forzado por la presión diaria de los medios de comunicación a prohibir su exportación a Colombia, país donde el quintal de dicha gramínea se vendía a US $42 el quintal. (No es de más comentar que en Japón el precio del quintal de arroz blanco oscila entre US $85.91 y 109.55, mostrando el fuerte relativismo de los precios de dicho alimento de país a país.)
Lo cual me regresa a mi punto de partida: que nosotros los arroceros no somos culpables del desbarajuste de los precios del maíz, la soya, y el arroz. El desorden es causado por fuerzas globales amorales que imperan en el mundo moderno sin el resguardo de fronteras. Según el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, con sede en Washington, D.C., se estima que los precios globales del maíz subirán 20% hacia 2010 y 41% hacia 2020, los precios de las semillas oleaginosas, como la soya, la canola, y el girasol, se elevarán 26% hacia 2010 y 76% hacia 2020, los precios del trigo 11% para 2010 y 30% para 2020, y el precio de la yuca, alimento básico en el África subsahariana, Asia y América Latina, se incrementará 33% para 2010 y 135% para 2020. En otro estudio mundial sobre la seguridad alimentaria, se indica que el número de personas que no tendrán garantizado su alimento en el mundo se elevaría en un factor de 16 millones por cada alza porcentual en los precios reales de los alimentos básicos. Bajo estos parámetros, 1,200 millones de personas podrían padecer de hambre crónica hacia 2025, o sea 600 millones más de lo previsto anteriormente.
Entre las fuerzas globales amorales aludidas están las Transnacionales, pulpos monopólicos capaces de secuestrar a cualquier gobierno del mundo, incluyendo el de Estados Unidos, como lo han hecho mega-corporaciones como ADM, Cargill, ConAgra, Bunge, Iowa Beef Processors (IBP), y Monsanto. En el Ecuador el dulce pero mortífero veneno de los Leviatanes de los Agroquímicos ha llegado al sector agropecuario en el cual a través de la infame Norma Andina, instrumento jurídico injusto redactado furtivamente por ellos e impuesto como una espada de Damocles sobre el cuello agro-productivo del país, han creado trabas prácticamente insuperables por empresas locales con la finalidad de impedir la salida de más registros de pesticidas genéricos y a la vez barrer a corto plazo con los registros genéricos ya existentes. Ya abunda evidencia fehaciente del efecto encarecedor de esta jugada magistral de las Multinacionales. El precio del Glifosato, herbicida ubicuo en la agricultura ecuatoriana, ha doblado su precio en pocos meses. Se vendía antes a US $2.50 el litro. Ahora trepó por encima de los $5.00 y se rumora entre conocedores de la materia que las intenciones de las Transnacionales es colocar el precio en $8.00. Y esta mañosería se manifiesta no sólo en Ecuador. En Costa Rica, con el nuevo sistema de leyes impuesto para el registro de agroquímicos (maniobra del mismo grupo de Transnacionales), no ha salido ni un registro genérico aprobado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería en tres años, a pesar de que cumpla el dossier con todos los requisitos legales vigentes, causando que el dominio monopólico sobre los pesticidas alcance el 63%.
Y sobre estas injusticias a nivel de Ecuador, ¿qué hace o dice el gobierno actual más allá de prohibir las exportaciones de nuestro arroz a Colombia y muy recientemente amenazarnos con abrir las importaciones de producto foránea si los precios de la gramínea nacional no bajan? ¿No entienden los asesores del Presidente de la República del Ecuador que el uso de agroquímicos representa el 18% (y trepando velozmente) del costo total de producción en el cultivo del arroz? ¿No saben dichos asesores que el parque automotriz agrícola está vetusto y la mayoría de los arroceros carecen de maquinarias propias, sean tractores, cosechadoras o camiones de transporte, y el costo del alquiler de los mismos se encuentra en constante ascenso y en reducida disponibilidad? ¿Desconocen que trabajamos con semilla de arroz de mediocre calidad y que hace unos años atrás perdimos la oportunidad de hacer al país miembro del FLAR (Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego), la entidad dueña del banco de germoplasma de arroz más abundante de América Latina, la membresía a dicha organización siendo comprada por una empresa privada ecuatoriana, Pronaca, en lugar del Estado ecuatoriano, como se debió haber hecho en beneficio de todos los arroceros del país y no sólo de una mega-empresa local?
Frente a la locura globalizadora y la desorientación del gobierno hacia nuestro grupo productivo ¿qué podemos hacer nosotros los arroceros, maiceros, soyeros del Ecuador? Por el momento, sólo aclarar las cosas y humildemente y en reverencia inclinar la cabeza hacia el campo y la tierra, agradeciendo que el tsunami del TLC con EEUU nunca llegó a nuestras playas y que todavía tenemos un pedazo de terreno, chico, mediano o grande, para cultivar granos, hoy más benditos que nunca, por medio de los cuales aún podemos seguir alimentando gustosamente a nuestra familia y nuestros conciudadanos, bajo mucho sudor y esfuerzo, a pesar de que todo lo que recibimos de las altas esferas del gobierno ecuatoriano hoy día son críticas, quejas, prohibiciones, amenazas, y leyes tributarias para gravar un impuesto a nuestra tierra, sea productiva o no.
Por
Pedro López Juiz
No cabe duda de que el alza de precio de cualquier alimento básico emite un efecto mucho más contundente y visible que el incremento del costo de cualquier otro commodity de índole no alimentaria, sea éste el petróleo, el acero o el oro. Y es que con los alimentos vamos directamente a la zona más vital del ser humano: su estómago. Sin combustibles, se acaban los carros. Sin alimentos, desaparece la humanidad.
Ahora bien, los arroceros no somos los culpables de la subida espectacular del precio del arroz en los últimos doce meses en el Ecuador. Para una explicación de este fenómeno tenemos que tender la vista hacia otros lares, en particular, hacia el Norte, es decir, los países desarrollados. No obstante, hay un tema central que corre a través de todo este problema y amenaza con tocar y afectar muchas otras áreas de la vida. Ese tema es la energía.
Todos los seres vivientes necesitamos energía. Así de igual las maquinarias, y más notoriamente los vehículos. Lo que complica la condición humana hoy por hoy de forma singular y sin precedentes es que lo vehículos comienzan a imitar a los seres humanos al abrírseles el apetito por una fuente común de energía: los vegetales. Aquí se origina el tremendo enredo y la espiral de precios ascendente que se escapa de las manos de nosotros los cultivadores de granos básicos.
El germen del interés en los aceites de granos como el maíz y la soya surgió por el 1974 cuando Estados Unidos era golpeado por el embargo petrolero impuesto por la Organización de Países Exportadores de Petróleo, entidad en la cual Ecuador ingresó por segunda vez recientemente. Ese año el Congreso estadounidense emitió varias leyes para impulsar la producción de etanol a partir del maíz como combustible alternativo. Por esos tiempos el etanol también comenzó a incurrir en el terreno energético como sustituto parcial del plomo, sustancia tóxica, en la gasolina.
Desde ese entonces el número de refinerías de etanol operativas en Estados Unidos explosionó, según la Asociación de Combustibles Renovables, de tal forma que a finales de 2006 había 110 refinerías de este combustible alternativo. De las mismas refinerías, muchas se estaban ampliando, y 73 se estaban construyendo adicionalmente. Con la conclusión de estos proyectos, hacia fines de 2008, Estados Unidos alcanzaría la capacidad de producción de etanol de 11,400 millones de galones al año. No obstante, el presidente George Bush instó al país a producir 35,000 millones de galones anuales de combustible renovable para el año 2017, es decir, tres veces la capacidad proyectada para el 2008.
El fenómeno etanol, por otra parte, no es sólo un acontecimiento estadounidense. También Brasil es líder en el rubro. En 2005, la producción mundial de etanol fue de 9,660 millones de galones. De estos Brasil produjo 45.2% (pero a partir de la caña de azúcar) y Estados Unidos 44.5% (a partir del maíz). El fenómeno biodiesel, en cambio, es liderado por Europa, la cual produce la mayor parte de los casi 1,000 millones de galones de este combustible renovable.
Indiscutiblemente, el fenómeno etanol se ha convertido en el factor que más afecta los precios de los granos a nivel mundial, puesto que representa más del 90% de todo el combustible alternativo producido actualmente en el mundo. Pero dentro de ese esquema el país que más infla los mismos es Estados Unidos. Aunque representa por sí solo el 40% de la producción total mundial de maíz, Estado Unidos genera más del 50% de todas las exportaciones del grano a nivel internacional, lanzando olas de afectación económica a lo largo y ancho del planeta. Otro elemento que complica la situación de los precios de los granos es el costo de la urea a nivel internacional. En septiembre de 2006, el precio promedio de la urea en Arkansas era US $260 por tonelada. En el 2007 subió a $420 y 440 por tonelada, con tendencias alcistas imparables en el futuro. La trepada del precio del nitrógeno ocurre en un momento cuando la producción estadounidense del mismo está en declive. Esta caída productiva de nitrógeno por parte de Estados Unidos está justificada por el hecho de que los costos del gas natural componen la mayor parte de los costos de producción del amonio anhidro, fuente muy importante de nitrógeno en ese país, y los precios del gas natural se han elevado tremendamente al igual que los del petróleo. De tal manera que mientras que durante el período 1985-2000 Estados Unidos importaba entre el 20 y el 25% del total de insumos nitrogenados, ya para el 2005 la nación importaba el 85% del nitrógeno para uso en fertilizaciones nacionales.
Se prevé que en unos cuantos años las plantas de etanol norteamericanas consumirán hasta la mitad de las existencias estadounidenses de maíz. La demanda de etanol rebajará los inventarios de maíz de 2007 a sus niveles más bajos desde 1995 (año de sequía), a pesar de que el año 2006 arrojó la tercera mayor cosecha de maíz según los registros históricos. Se especula que en un futuro no muy lejano el estado de Iowa, corazón de la producción maicera de Estados Unidos, se convierta en importador de la gramínea. Todo esto a pesar de que los agricultores están plantando más hectáreas con maíz y menos hectáreas con otros cultivos. Entonces entra a jugar un papel importante la sustitución de productos. El maíz desplaza a otros granos en la siembra, pero las refinerías de etanol siguen tragándose el maíz como si fuera agua y rebajando inventarios a niveles críticos. Y a la vez los otros granos, como el arroz y el trigo, comienzan a desplazar al maíz como alimento y se disparan en precio por la mayor demanda de sí mismos. Es decir, una espiral de precios hacia las nubes imbatible. Para complicar aún más las cosas, se lanzan al ruedo los especuladores en el Chicago Board of Trade y los contratos a futuro del arroz alcanzan un máximo histórico. Es más, jugadores poco tradicionales en este sector, como los fondos de cobertura, están transando arroz. En Tailandia, el mayor exportador de arroz del mundo, el precio del arroz de grano largo ha subido casi un 20% en lo que va del año.
La debilidad del dólar tampoco ayuda a frenar los precios de los granos básicos, ni la inestabilidad del Medio Oriente, principal fuente del petróleo mundial, ni la desmesuradamente creciente apetencia de China y India por los hidrocarburos. El consumo de energía mundial se elevará 71% entre 2003 y 2030, y a ese incremento China e India aportarán descomunalmente.
La Unión Europea también muestra una fuerte afición por entrar el club mundial de los grandes productores de combustibles alternativos para no quedarse detrás de países como Estados Unidos y Brasil. El biodiesel europeo proviene de semillas de canola y girasol. En 2005 la Unión Europea (UE) produjo 890 millones de galones de biodiesel, más de 80% del total mundial. La Política Agrícola Común de la UE también promociona la producción de etanol a partir de una combinación de remolacha y trigo. Bruselas desea que el 5.75% del combustible de motores consumido en la UE provenga de los biocombustibles hacia 2010 y 10% hacia 2020.
Pudiéramos decir que es desalmado darle preferencia al vehículo por encima del ser humano con respecto a los alimentos básicos; en particular, cuando llenar el tanque de 25 galones de un SUV (vehículo utilitario deportivo, por sus siglas en inglés—sports utility vehicle) con etanol puro requiere más de 204 kilogramos de maíz, cantidad de dicho grano que contiene las calorías suficientes para alimentar a una persona durante un año. Pero cuando una transnacional poderosa le pone el ojo a un rubro y luego lo muerde con la fiereza dental de un Rottweiler, es difícil, sino imposible, que algo o alguien le haga soltar la presa. Así ha sucedido con Archer Daniels Midland Company (ADM), hoy por hoy la mayor productora de etanol del mercado estadounidense. Siguiendo con la metáfora canina, diríamos que ADM es el rabo corporativo que mueve al perro gubernamental, tan fuertes son sus poderes de cabildeo dentro de cualquier gobierno, demócrata o republicano, de ese país.
En otras palabras, ADM es un monstruo. Empezó en la década de 1970 a hacer etanol y otros productos resultantes de la molienda de maíz húmedo, como el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa. Para el 1980 ADM producía 175 millones de galones de etanol al año, y adicionalmente el jarabe de maíz con alto nivel de fructosa se había convertido ubicuo en los alimentos procesados. (Los expertos en el tema de edulcorantes aseveran que ADM fue el artífice de las leyes proteccionistas que establecieron las cuotas para el azúcar en el 1982 y que hasta el momento siguen en vigencia. Dichas leyes abrieron el camino para el dominio monopólico de ADM en el campo de los edulcorantes a pesar de serias evidencias de los efectos de la fructosa sobre la salud humana.) En 2006 ADM era la productora más grande de etanol en Estados Unidos con una refinación de más de 1,070 millones de galones al año, cuatro veces más que su rival más cercana, VeraSun Energy. Con todo el poderío económico y de cabildeo inherente en ADM, no es sorprendente conocer que el gobierno estadounidense ha otorgado un crédito fiscal de 51 centavos de dólar por galón a los productores de etanol e imponiendo un arancel de 54 centavos de dólar por galón para la importaciones del mismo, blindando a ADM y demás refinerías estadounidenses, como Estados Unidos muy bien sabe hacer cuando existen intereses especiales, contra cualquier tipo de competencia foránea, como la de Brasil, país que produce etanol a costos menores que EEUU debido a que el etanol brasileño proviene de la caña de azúcar, el cual produce 662 galones de etanol por acre versus los 354 galones etanol que se cosechan y procesan de un acre de maíz norteamericano.
Las personas más pobres del mundo ya gastan de 50 a 80% de su ingreso total familiar en alimentos. Y los azotes de la subida de ciertos alimentos básicos ya comienzan a sentirse, en particular, en el Tercer Mundo. A finales de 2006, el precio de la harina para la tortilla en México, que, a pesar de ser epicentro histórico del cultivo de la gramínea, importa el 80% de su maíz de Estados Unidos gracias al nefasto TLCAN con su vecino norteño, se duplicó debido al alza en los precios del maíz norteamericano de 2.80 a 4.20 dólares por búshel (27.22 kilogramos). Ya hablamos de la subida sorprendente del precio del arroz a nivel mundial. En el Ecuador también el arroz ha alcanzado precios altos históricos y mostraban un ascenso vertiginoso apuntando hacia los 35 y 40 dólares el quintal, de tal forma que el Presidente de la República Rafael Correa se vio forzado por la presión diaria de los medios de comunicación a prohibir su exportación a Colombia, país donde el quintal de dicha gramínea se vendía a US $42 el quintal. (No es de más comentar que en Japón el precio del quintal de arroz blanco oscila entre US $85.91 y 109.55, mostrando el fuerte relativismo de los precios de dicho alimento de país a país.)
Lo cual me regresa a mi punto de partida: que nosotros los arroceros no somos culpables del desbarajuste de los precios del maíz, la soya, y el arroz. El desorden es causado por fuerzas globales amorales que imperan en el mundo moderno sin el resguardo de fronteras. Según el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, con sede en Washington, D.C., se estima que los precios globales del maíz subirán 20% hacia 2010 y 41% hacia 2020, los precios de las semillas oleaginosas, como la soya, la canola, y el girasol, se elevarán 26% hacia 2010 y 76% hacia 2020, los precios del trigo 11% para 2010 y 30% para 2020, y el precio de la yuca, alimento básico en el África subsahariana, Asia y América Latina, se incrementará 33% para 2010 y 135% para 2020. En otro estudio mundial sobre la seguridad alimentaria, se indica que el número de personas que no tendrán garantizado su alimento en el mundo se elevaría en un factor de 16 millones por cada alza porcentual en los precios reales de los alimentos básicos. Bajo estos parámetros, 1,200 millones de personas podrían padecer de hambre crónica hacia 2025, o sea 600 millones más de lo previsto anteriormente.
Entre las fuerzas globales amorales aludidas están las Transnacionales, pulpos monopólicos capaces de secuestrar a cualquier gobierno del mundo, incluyendo el de Estados Unidos, como lo han hecho mega-corporaciones como ADM, Cargill, ConAgra, Bunge, Iowa Beef Processors (IBP), y Monsanto. En el Ecuador el dulce pero mortífero veneno de los Leviatanes de los Agroquímicos ha llegado al sector agropecuario en el cual a través de la infame Norma Andina, instrumento jurídico injusto redactado furtivamente por ellos e impuesto como una espada de Damocles sobre el cuello agro-productivo del país, han creado trabas prácticamente insuperables por empresas locales con la finalidad de impedir la salida de más registros de pesticidas genéricos y a la vez barrer a corto plazo con los registros genéricos ya existentes. Ya abunda evidencia fehaciente del efecto encarecedor de esta jugada magistral de las Multinacionales. El precio del Glifosato, herbicida ubicuo en la agricultura ecuatoriana, ha doblado su precio en pocos meses. Se vendía antes a US $2.50 el litro. Ahora trepó por encima de los $5.00 y se rumora entre conocedores de la materia que las intenciones de las Transnacionales es colocar el precio en $8.00. Y esta mañosería se manifiesta no sólo en Ecuador. En Costa Rica, con el nuevo sistema de leyes impuesto para el registro de agroquímicos (maniobra del mismo grupo de Transnacionales), no ha salido ni un registro genérico aprobado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería en tres años, a pesar de que cumpla el dossier con todos los requisitos legales vigentes, causando que el dominio monopólico sobre los pesticidas alcance el 63%.
Y sobre estas injusticias a nivel de Ecuador, ¿qué hace o dice el gobierno actual más allá de prohibir las exportaciones de nuestro arroz a Colombia y muy recientemente amenazarnos con abrir las importaciones de producto foránea si los precios de la gramínea nacional no bajan? ¿No entienden los asesores del Presidente de la República del Ecuador que el uso de agroquímicos representa el 18% (y trepando velozmente) del costo total de producción en el cultivo del arroz? ¿No saben dichos asesores que el parque automotriz agrícola está vetusto y la mayoría de los arroceros carecen de maquinarias propias, sean tractores, cosechadoras o camiones de transporte, y el costo del alquiler de los mismos se encuentra en constante ascenso y en reducida disponibilidad? ¿Desconocen que trabajamos con semilla de arroz de mediocre calidad y que hace unos años atrás perdimos la oportunidad de hacer al país miembro del FLAR (Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego), la entidad dueña del banco de germoplasma de arroz más abundante de América Latina, la membresía a dicha organización siendo comprada por una empresa privada ecuatoriana, Pronaca, en lugar del Estado ecuatoriano, como se debió haber hecho en beneficio de todos los arroceros del país y no sólo de una mega-empresa local?
Frente a la locura globalizadora y la desorientación del gobierno hacia nuestro grupo productivo ¿qué podemos hacer nosotros los arroceros, maiceros, soyeros del Ecuador? Por el momento, sólo aclarar las cosas y humildemente y en reverencia inclinar la cabeza hacia el campo y la tierra, agradeciendo que el tsunami del TLC con EEUU nunca llegó a nuestras playas y que todavía tenemos un pedazo de terreno, chico, mediano o grande, para cultivar granos, hoy más benditos que nunca, por medio de los cuales aún podemos seguir alimentando gustosamente a nuestra familia y nuestros conciudadanos, bajo mucho sudor y esfuerzo, a pesar de que todo lo que recibimos de las altas esferas del gobierno ecuatoriano hoy día son críticas, quejas, prohibiciones, amenazas, y leyes tributarias para gravar un impuesto a nuestra tierra, sea productiva o no.
sábado, 13 de octubre de 2007
Otra vez el problema del gas y la agro-industria
Otra vez el problema del gas y la agro-industria:
Los burócratas del gobierno no entienden la problemática del agro ecuatoriano
Por
Pedro López Juiz
Presidente, Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Lo vi cuando entraba al inmenso salón de espera para vuelos nacionales del aeropuerto Joaquín Olmedo de Guayaquil. Caminaba apresuradamente hacia la zona de embarque que conduce hasta el pasillo que desemboca en la pista de aterrizaje que nos llevaría a través de líneas marcadas sobre el asfaltado hasta la misma puerta de entrada del avión TAME destinado a volar hacia Quito a las nueve horas esa mañana. Alto, llevaba gafas que le daban toda la estampa de intelectual académico. Lo cubría una chaqueta deportiva que no necesariamente hacía juego con sus pantalones tipo jean. Definitivamente, el Sr. Ministro de Energía y Minas Alberto Acosta presentaba una imagen ajena a su cargo que a mí personalmente me complacía. No salía del cuarto VIP (siglas para la expresión en inglés Very Important Person) al estilo pelucón. Al contrario, más bien parecía que el concepto VIP y su persona se comportaban como el agua y el aceite. En resumen, me di cuenta de que contemplaba ante mis ojos un rebelde innato maduro, rebelde pero civilizado, sin pretensiones, sin arrogancia.
Sólo nos conocíamos telefónicamente. Fue en diciembre de 2005 cuando una noche el aún no anunciado pero futuro candidato a la Presidencia de la República del Ecuador me llamó desde su casa en Quito y me preguntó si conocía al Dr. Alberto Acosta. La memoria la tenía en blanco al respecto, pero balbuceé: “Creo que he escuchado su nombre en algún momento.”
Mi contesta no satisfizo a Rafael Correa. “¡Cómo no vas a conocerlo!” respondió el economista, con quien comparto el alma mater Universidad de Illinois. “¡Es la persona más conocida en el exterior acerca del tema TLC!”
“Sí, sí, ya recuerdo,” mentí diplomáticamente.
“Bueno,” continuó, “Alberto quiere publicar tu artículo ‘Las mentiras del TLC’. Quiere saber si lo tienes almacenado digitalmente para que se lo envíes por Internet.”
“Sí lo tengo almacenado en mi disco duro. Con mucho gusto se lo mando.”
“Perfecto. Entonces envíaselo a este correo electrónico,” dijo Rafael, y me dio el email de Alberto Acosta. Esa noche le transferí mi artículo por Internet y al día siguiente recibí una llamada a mi celular del Dr. Acosta, quien me agradeció el envío del mismo. Fue tan escueto y tajante que no logré sacarle una palabra más a este brillante académico prolífico autor de varios libros. En un momento dado, pensé que íbamos a discutir mi ensayo, aunque fuera sólo ligeramente. Pero nada. Me cerró la línea más rápido que un jet ultra-sónico.
Ahora lo perseguía por la pista de aterrizaje del aeropuerto para exponerle unas breves ideas sobre el uso del gas en las piladoras o arroceras ecuatorianas. Lo alcancé al pie de la escalera del avión.
“Señor Ministro, usted no me conoce en persona pero hemos hablado por teléfono.” ¿Por cuánto tiempo? ¿Treinta, cuarenta segundos? “Yo soy el autor de ‘Las mentiras del TLC.’”
“Ah, Pedro,” dijo automáticamente.
Me quedé atónito. Hacía más de un año y medio desde nuestra lacónica conversación, y todavía recordaba mi primer nombre. O tenía memoria prodigiosa o mi nombre había sonado lo suficientemente fuerte en Alianza País durante ambas vueltas de la campaña presidencial cuando le di mi apoyo vertical a Rafael Correa, trayendo al candidato tres veces a Montalvo, Los Ríos, donde inclusive en una ocasión almorzó en mi casa y descansó y se aseó en la habitación de mi hijo mayor.
“Acabamos de tener una reunión con la Dirección Nacional de Hidrocarburos en la gobernación de Babahoyo,” comencé, “y nos han recalcado las sanciones que se impondrán por el uso de gas subsidiado para el secado del arroz en la industria arrocera. Yo le digo lo siguiente: si pagamos un gas 700% más caro, ¿a quién, le pregunto yo a usted, transferimos el costo adicional de $1,50 a 2,00 dólares por quintal de arroz pilado? ¿Se lo pasamos al consumidor, incrementado el costo de la canasta básica ecuatoriana, en la cual el arroz es la principal fuente de carbohidratos, y a la vez echándole leña al fuego de la inflación nacional? O ¿se lo transferimos al productor arrocero, el ente más golpeado y vulnerable dentro del sector agrícola?”
“Eso sería grave,” musitó sin especificaciones el economista Alberto Acosta. “Creo que definitivamente hay que focalizar el subsidio.” Pero al día siguiente Acosta renunció a su función de Ministro de Energía y Minas y lanzó su candidatura a la Asamblea Constituyente.
Claro que en aquel entonces no habían surgido los nuevos subsidios como el del gas para los vehículos de los taxistas y el del trigo para los panaderos ($10 dólares por quintal). Porque de lo contrario, también le hubiera preguntado al Señor Ministro cómo era posible que se decretara un subsidio para el pan y no para el arroz cuando el pan se consume básicamente sólo en el desayuno y el arroz está presente perennemente en el desayuno, el almuerzo, y la merienda o cena; o cómo era posible que se subsidiara al taxista antes que a la industria arrocera cuando la profesión amarilla rinde sólo un servicio mientras la cadena arrocera en su totalidad produce un alimento crítico para el pueblo ecuatoriano; y cuando, además, como se ha comprobado en India, Malasia, China y Corea, un dólar producido en el campo repercute generando US $0,80 en las aldeas, pueblos o ciudades circundantes y de US $2 a 3 en el resto del país. Tampoco en ese entonces se había decretado la resolución de prohibir la exportación del arroz ecuatoriano—lo cual hubiera suscitado que le preguntara enérgicamente al Ministro Alberto Acosta cómo era posible que se le diera tan rudo golpe al sector productor arrocero con semejante medida retrógrada que atentaba no sólo contra el libre comercio entre países hermanos sino contra el bienestar económico del sector productivo más sensible y marginado de la patria y que a la vez nos forzaba a nosotros los productores arroceros, sin tener voz ni voto en el asunto, a subsidiar la canasta básica ecuatoriana por la baja en los precios de la gramínea propiciada.
De todo esto hice un resumen en la siguiente reunión con el Consejo Nacional de Hidrocarburos a la cual fui convocado el día 10 de octubre en la gobernación riosense en Babahoyo. El principal objetivo del evento de parte del CNH era aleccionarnos nuevamente y con más ahínco a los del sector arrocero de las sanciones que caerían encima de nosotros si utilizáramos gas subsidiado para el secado del arroz, sanciones ahora plenamente amparadas por la nueva ley de hidrocarburos emitida por el Congreso ecuatoriano y firmada por el Presidente de la República. Me acaloré tanto que arremetí contra la ignorancia e insensibilidad de los burócratas que rodeaban al Presidente de la República Econ. Rafael Correa y que irresponsablemente no lo asesoraban bien.
Algo de luz y esperanza, no obstante, destelló durante la reunión cuando un compañero del agro que no veía en algún tiempo expresó que algunos de su grupo de Ventanas habían tenido recientemente un diálogo sobre el tema con el Presidente Correa, quien les había manifestado que, según su criterio, dicha ley tenía sus puntos débiles y absurdos, uno de los cuales tenía que ver con la agro-industria. Es más, había puntualizado el Presidente que el gas equivalente a la bombona de 15 kg. no le debería costar, al industrial arrocero, maicero o soyero o al gremio agrícola que quisiera secar su propio grano, más de US $3,20. Con eso resolvimos, productores e industriales del sector de granos de la provincia de Los Ríos, unir los esfuerzos y, como un solo puño, llevar nuestro mensaje y agenda lo antes posible directamente a la Presidencia de la República. Porque si la patria ya es de todos, el gas no se puede quedar fuera.
Los burócratas del gobierno no entienden la problemática del agro ecuatoriano
Por
Pedro López Juiz
Presidente, Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Lo vi cuando entraba al inmenso salón de espera para vuelos nacionales del aeropuerto Joaquín Olmedo de Guayaquil. Caminaba apresuradamente hacia la zona de embarque que conduce hasta el pasillo que desemboca en la pista de aterrizaje que nos llevaría a través de líneas marcadas sobre el asfaltado hasta la misma puerta de entrada del avión TAME destinado a volar hacia Quito a las nueve horas esa mañana. Alto, llevaba gafas que le daban toda la estampa de intelectual académico. Lo cubría una chaqueta deportiva que no necesariamente hacía juego con sus pantalones tipo jean. Definitivamente, el Sr. Ministro de Energía y Minas Alberto Acosta presentaba una imagen ajena a su cargo que a mí personalmente me complacía. No salía del cuarto VIP (siglas para la expresión en inglés Very Important Person) al estilo pelucón. Al contrario, más bien parecía que el concepto VIP y su persona se comportaban como el agua y el aceite. En resumen, me di cuenta de que contemplaba ante mis ojos un rebelde innato maduro, rebelde pero civilizado, sin pretensiones, sin arrogancia.
Sólo nos conocíamos telefónicamente. Fue en diciembre de 2005 cuando una noche el aún no anunciado pero futuro candidato a la Presidencia de la República del Ecuador me llamó desde su casa en Quito y me preguntó si conocía al Dr. Alberto Acosta. La memoria la tenía en blanco al respecto, pero balbuceé: “Creo que he escuchado su nombre en algún momento.”
Mi contesta no satisfizo a Rafael Correa. “¡Cómo no vas a conocerlo!” respondió el economista, con quien comparto el alma mater Universidad de Illinois. “¡Es la persona más conocida en el exterior acerca del tema TLC!”
“Sí, sí, ya recuerdo,” mentí diplomáticamente.
“Bueno,” continuó, “Alberto quiere publicar tu artículo ‘Las mentiras del TLC’. Quiere saber si lo tienes almacenado digitalmente para que se lo envíes por Internet.”
“Sí lo tengo almacenado en mi disco duro. Con mucho gusto se lo mando.”
“Perfecto. Entonces envíaselo a este correo electrónico,” dijo Rafael, y me dio el email de Alberto Acosta. Esa noche le transferí mi artículo por Internet y al día siguiente recibí una llamada a mi celular del Dr. Acosta, quien me agradeció el envío del mismo. Fue tan escueto y tajante que no logré sacarle una palabra más a este brillante académico prolífico autor de varios libros. En un momento dado, pensé que íbamos a discutir mi ensayo, aunque fuera sólo ligeramente. Pero nada. Me cerró la línea más rápido que un jet ultra-sónico.
Ahora lo perseguía por la pista de aterrizaje del aeropuerto para exponerle unas breves ideas sobre el uso del gas en las piladoras o arroceras ecuatorianas. Lo alcancé al pie de la escalera del avión.
“Señor Ministro, usted no me conoce en persona pero hemos hablado por teléfono.” ¿Por cuánto tiempo? ¿Treinta, cuarenta segundos? “Yo soy el autor de ‘Las mentiras del TLC.’”
“Ah, Pedro,” dijo automáticamente.
Me quedé atónito. Hacía más de un año y medio desde nuestra lacónica conversación, y todavía recordaba mi primer nombre. O tenía memoria prodigiosa o mi nombre había sonado lo suficientemente fuerte en Alianza País durante ambas vueltas de la campaña presidencial cuando le di mi apoyo vertical a Rafael Correa, trayendo al candidato tres veces a Montalvo, Los Ríos, donde inclusive en una ocasión almorzó en mi casa y descansó y se aseó en la habitación de mi hijo mayor.
“Acabamos de tener una reunión con la Dirección Nacional de Hidrocarburos en la gobernación de Babahoyo,” comencé, “y nos han recalcado las sanciones que se impondrán por el uso de gas subsidiado para el secado del arroz en la industria arrocera. Yo le digo lo siguiente: si pagamos un gas 700% más caro, ¿a quién, le pregunto yo a usted, transferimos el costo adicional de $1,50 a 2,00 dólares por quintal de arroz pilado? ¿Se lo pasamos al consumidor, incrementado el costo de la canasta básica ecuatoriana, en la cual el arroz es la principal fuente de carbohidratos, y a la vez echándole leña al fuego de la inflación nacional? O ¿se lo transferimos al productor arrocero, el ente más golpeado y vulnerable dentro del sector agrícola?”
“Eso sería grave,” musitó sin especificaciones el economista Alberto Acosta. “Creo que definitivamente hay que focalizar el subsidio.” Pero al día siguiente Acosta renunció a su función de Ministro de Energía y Minas y lanzó su candidatura a la Asamblea Constituyente.
Claro que en aquel entonces no habían surgido los nuevos subsidios como el del gas para los vehículos de los taxistas y el del trigo para los panaderos ($10 dólares por quintal). Porque de lo contrario, también le hubiera preguntado al Señor Ministro cómo era posible que se decretara un subsidio para el pan y no para el arroz cuando el pan se consume básicamente sólo en el desayuno y el arroz está presente perennemente en el desayuno, el almuerzo, y la merienda o cena; o cómo era posible que se subsidiara al taxista antes que a la industria arrocera cuando la profesión amarilla rinde sólo un servicio mientras la cadena arrocera en su totalidad produce un alimento crítico para el pueblo ecuatoriano; y cuando, además, como se ha comprobado en India, Malasia, China y Corea, un dólar producido en el campo repercute generando US $0,80 en las aldeas, pueblos o ciudades circundantes y de US $2 a 3 en el resto del país. Tampoco en ese entonces se había decretado la resolución de prohibir la exportación del arroz ecuatoriano—lo cual hubiera suscitado que le preguntara enérgicamente al Ministro Alberto Acosta cómo era posible que se le diera tan rudo golpe al sector productor arrocero con semejante medida retrógrada que atentaba no sólo contra el libre comercio entre países hermanos sino contra el bienestar económico del sector productivo más sensible y marginado de la patria y que a la vez nos forzaba a nosotros los productores arroceros, sin tener voz ni voto en el asunto, a subsidiar la canasta básica ecuatoriana por la baja en los precios de la gramínea propiciada.
De todo esto hice un resumen en la siguiente reunión con el Consejo Nacional de Hidrocarburos a la cual fui convocado el día 10 de octubre en la gobernación riosense en Babahoyo. El principal objetivo del evento de parte del CNH era aleccionarnos nuevamente y con más ahínco a los del sector arrocero de las sanciones que caerían encima de nosotros si utilizáramos gas subsidiado para el secado del arroz, sanciones ahora plenamente amparadas por la nueva ley de hidrocarburos emitida por el Congreso ecuatoriano y firmada por el Presidente de la República. Me acaloré tanto que arremetí contra la ignorancia e insensibilidad de los burócratas que rodeaban al Presidente de la República Econ. Rafael Correa y que irresponsablemente no lo asesoraban bien.
Algo de luz y esperanza, no obstante, destelló durante la reunión cuando un compañero del agro que no veía en algún tiempo expresó que algunos de su grupo de Ventanas habían tenido recientemente un diálogo sobre el tema con el Presidente Correa, quien les había manifestado que, según su criterio, dicha ley tenía sus puntos débiles y absurdos, uno de los cuales tenía que ver con la agro-industria. Es más, había puntualizado el Presidente que el gas equivalente a la bombona de 15 kg. no le debería costar, al industrial arrocero, maicero o soyero o al gremio agrícola que quisiera secar su propio grano, más de US $3,20. Con eso resolvimos, productores e industriales del sector de granos de la provincia de Los Ríos, unir los esfuerzos y, como un solo puño, llevar nuestro mensaje y agenda lo antes posible directamente a la Presidencia de la República. Porque si la patria ya es de todos, el gas no se puede quedar fuera.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
¡Cómo se contradicen los defensores del TLC!
¡Cómo se contradicen los defensores del TLC!
Por
Pedro López Juiz
Ya cuando nosotros los arroceros pensábamos que el tema TLC Ecuador-EEUU estaba muerto, por lo menos mientras el Econ. Rafael Correa fuera presidente del Ecuador, el Monstruo de Mil Cabezas levanta una de ellas y comienza nuevamente a balbucear incoherencias. Y esto de veras es lamentable y penoso, puesto que el tiempo ha agudizado la demostración de cuán viles y endebles han sido sus mentiras y contradicciones.
Una contradicción que últimamente llama mucho la atención es el rechazo por parte de los agro-exportadores y sus aliados intelectuales a los subsidios ofrecidos a dichos empresarios por el gobierno del Presidente Correa en el caso que Estados Unidos no condescienda a otorgarle a Ecuador esa migaja chantajista llamada ATPDEA.
Sorprende enormemente los comentarios al respecto provenientes del ex Jefe Negociador del TLC Manuel Chiriboga. Desde su nueva tarima Observatorio de Comercio, el cual dirige y donde lo acompañan varios ex funcionarios del gobierno de Lucio Gutiérrez, Manuel Chiriboga expresa con respecto a dicha promesa de ayuda gubernamental que “lo primero que puede pasar sería que los países miembros del Organización Mundial del Comercio (OMC) cataloguen a la medida como una práctica desleal”. Adicionalmente especifica que “esta acción introduciría al país en un litigio en este organismo, que puede generar sanciones de tipo arancelario para productos que ingresen al mercado, por ejemplo europeo, como son el banano, el brócoli, las flores, etc.”
Analicemos esto, y veamos cómo es el tiempo y la mala memoria. Recordemos esa ardua batalla contra el TLC cuando los opositores querían ablandar nuestros argumentos brindándonos ¿qué? Precisamente lo que ellos ahora rechazan. ¡Subsidios! El mismo Manuel Chiriboga inclusive era uno de los principales voceros de los subsidios para los agricultores de ciclo corto, arroceros, maiceros, y soyeros, y para los ganaderos. Jefe negociador nacional de aquel entonces, Chiriboga presentó un denominado “Programa de apoyo a la agricultura”, por medio del cual se destinarían 24 millones de dólares para los maiceros, dos millones para los agricultores de soya, 44 millones para los arroceros, y 24,5 millones para los ganaderos. Pero lo más interesante del caso es que este proyecto del señor Chiriboga era un castillo en el aire para confundirnos y engañarnos a nosotros productores de granos y a los ganaderos, puesto que dicho proyecto carecía de bases sólidas de financiamiento y además tras su aprobación podría desaparecer en breve tiempo. Pero primero el proyecto tenían que ser aprobado por el Congreso ecuatoriano—lo cual no iba a ocurrir ya que de antemano afectaría al sector social, el cual se sustenta con el dinero del Feirep (fondo al cual se destinan los recursos obtenidos por el excedente de la venta de petróleo—gracias a la gestión y obra del ex Ministro de Economía Rafael Correa, recuerden--y del cual provendrían los recursos para los mencionados subsidios al agro). Y para colmo, funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas aseveraron desconocer el programa, difundido por el Ministerio de Agricultura e ideado por Manuel Chiriboga, a través del cual se pretendía entregar la gran suma de120 millones de dólares en subsidios a nuestros agricultores y ganaderos. El ex Jefe Negociador tuvo hasta la desfachatez de proponer el pedido de préstamos internacionales para cubrir esos subsidios—medida que contribuiría en perjudicar el desarrollo del país puesto que lo endeudaría aún más y lo convertirá en un mayor dependiente de las finanzas internacionales.
Pero aquellos eran otros tiempos cuando el zapato estrecho nos tocaba ponernos a nosotros. Ahora que a los agro-exportadores y su comitiva les pertenece probarse ese mismo angosto calzado, parece que no les gusta, y hasta Manuel Chiriboga, su defensor a ultranza, sale con su espada literaria encendida desde la Torre de Marfil llamada Observatorio de Comercio a guerrear, aunque con apagados e irrisorios argumentos, contra la oferta de subsidios por parte del gobierno actual.
Pero ¡se les cayó la careta! Sus mentiras, incoherencias, e hipocresías son asquerosa y contundentemente obvias. Ya no engañan a nadie, y a los agricultores menos.
Modestia aparte, yo prácticamente predije este escenario. En un artículo mío titulado “TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios” y publicado en bilaterals.org el 17 de febrero de 2006, señalé:
“Las matemáticas son frías, pero los negociadores ecuatorianos quieren tapar el sol de los números con un dedo. ¡Qué absurdo que quieren darnos 120 millones de dólares a los arroceros, maiceros, soyeros y ganaderos, cuando el costo por las pérdidas de las preferencias arancelarias del ATPDEA serían sólo 20 a 25 millones de dólares, según las cifras del mismo Banco Central! Ese monto obviamente es menor que los subsidios que los negociadores prometen desembolsar a favor de los sectores sensibles del agro ecuatoriano. Entonces me pregunto: “¿Por qué no les prometen los 20 ó 25 millones de dólares, incluso hasta más, a los llorones multimillonarios agro-exportadores beneficiados por el actual ATPDEA, no para que no pierdan (porque ganan mucho, como por ejemplo, los floricultores, los cuales gozan de una utilidad de entre un 30% a 40% sobre las ventas, de manera que en el caso de ellos la ausencia de un ATPDEA no les haría ni cosquilla), sino para que sigan ganado gloriosamente como siempre y se le sequen las penosas lágrimas?” (Y al mismo tiempo recordemos que tales subsidios se harían, en el caso de la no firma de un TLC, desde una caja fiscal no afectada por pérdidas arancelarias.) La respuesta es fácil: los agro-exportadores no son idiotas (en el buen sentido de la palabra que le da Joyce de Ginatta a ese epíteto en sus conferencias) y saben perfectamente bien que tales promesas son ficciones de oportunistas, que son un amague, un finteo, una trampa, sólo para aquellos humildes ciudadanos susceptibles a las mentiras y los subterfugios, a cual grupo ningún agro-exportador pertenece.”
Pero ya dejamos todos nosotros de ser susceptibles a las mentiras y los subterfugios. Ahora que ellos caminen con nuestras sandalias y experimenten las peripecias de la vida cuando no se tiene cogido el sartén por el mango.
Por
Pedro López Juiz
Ya cuando nosotros los arroceros pensábamos que el tema TLC Ecuador-EEUU estaba muerto, por lo menos mientras el Econ. Rafael Correa fuera presidente del Ecuador, el Monstruo de Mil Cabezas levanta una de ellas y comienza nuevamente a balbucear incoherencias. Y esto de veras es lamentable y penoso, puesto que el tiempo ha agudizado la demostración de cuán viles y endebles han sido sus mentiras y contradicciones.
Una contradicción que últimamente llama mucho la atención es el rechazo por parte de los agro-exportadores y sus aliados intelectuales a los subsidios ofrecidos a dichos empresarios por el gobierno del Presidente Correa en el caso que Estados Unidos no condescienda a otorgarle a Ecuador esa migaja chantajista llamada ATPDEA.
Sorprende enormemente los comentarios al respecto provenientes del ex Jefe Negociador del TLC Manuel Chiriboga. Desde su nueva tarima Observatorio de Comercio, el cual dirige y donde lo acompañan varios ex funcionarios del gobierno de Lucio Gutiérrez, Manuel Chiriboga expresa con respecto a dicha promesa de ayuda gubernamental que “lo primero que puede pasar sería que los países miembros del Organización Mundial del Comercio (OMC) cataloguen a la medida como una práctica desleal”. Adicionalmente especifica que “esta acción introduciría al país en un litigio en este organismo, que puede generar sanciones de tipo arancelario para productos que ingresen al mercado, por ejemplo europeo, como son el banano, el brócoli, las flores, etc.”
Analicemos esto, y veamos cómo es el tiempo y la mala memoria. Recordemos esa ardua batalla contra el TLC cuando los opositores querían ablandar nuestros argumentos brindándonos ¿qué? Precisamente lo que ellos ahora rechazan. ¡Subsidios! El mismo Manuel Chiriboga inclusive era uno de los principales voceros de los subsidios para los agricultores de ciclo corto, arroceros, maiceros, y soyeros, y para los ganaderos. Jefe negociador nacional de aquel entonces, Chiriboga presentó un denominado “Programa de apoyo a la agricultura”, por medio del cual se destinarían 24 millones de dólares para los maiceros, dos millones para los agricultores de soya, 44 millones para los arroceros, y 24,5 millones para los ganaderos. Pero lo más interesante del caso es que este proyecto del señor Chiriboga era un castillo en el aire para confundirnos y engañarnos a nosotros productores de granos y a los ganaderos, puesto que dicho proyecto carecía de bases sólidas de financiamiento y además tras su aprobación podría desaparecer en breve tiempo. Pero primero el proyecto tenían que ser aprobado por el Congreso ecuatoriano—lo cual no iba a ocurrir ya que de antemano afectaría al sector social, el cual se sustenta con el dinero del Feirep (fondo al cual se destinan los recursos obtenidos por el excedente de la venta de petróleo—gracias a la gestión y obra del ex Ministro de Economía Rafael Correa, recuerden--y del cual provendrían los recursos para los mencionados subsidios al agro). Y para colmo, funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas aseveraron desconocer el programa, difundido por el Ministerio de Agricultura e ideado por Manuel Chiriboga, a través del cual se pretendía entregar la gran suma de120 millones de dólares en subsidios a nuestros agricultores y ganaderos. El ex Jefe Negociador tuvo hasta la desfachatez de proponer el pedido de préstamos internacionales para cubrir esos subsidios—medida que contribuiría en perjudicar el desarrollo del país puesto que lo endeudaría aún más y lo convertirá en un mayor dependiente de las finanzas internacionales.
Pero aquellos eran otros tiempos cuando el zapato estrecho nos tocaba ponernos a nosotros. Ahora que a los agro-exportadores y su comitiva les pertenece probarse ese mismo angosto calzado, parece que no les gusta, y hasta Manuel Chiriboga, su defensor a ultranza, sale con su espada literaria encendida desde la Torre de Marfil llamada Observatorio de Comercio a guerrear, aunque con apagados e irrisorios argumentos, contra la oferta de subsidios por parte del gobierno actual.
Pero ¡se les cayó la careta! Sus mentiras, incoherencias, e hipocresías son asquerosa y contundentemente obvias. Ya no engañan a nadie, y a los agricultores menos.
Modestia aparte, yo prácticamente predije este escenario. En un artículo mío titulado “TLC ecuatoriano: dolo, vicios de consentimiento y otros sacrilegios” y publicado en bilaterals.org el 17 de febrero de 2006, señalé:
“Las matemáticas son frías, pero los negociadores ecuatorianos quieren tapar el sol de los números con un dedo. ¡Qué absurdo que quieren darnos 120 millones de dólares a los arroceros, maiceros, soyeros y ganaderos, cuando el costo por las pérdidas de las preferencias arancelarias del ATPDEA serían sólo 20 a 25 millones de dólares, según las cifras del mismo Banco Central! Ese monto obviamente es menor que los subsidios que los negociadores prometen desembolsar a favor de los sectores sensibles del agro ecuatoriano. Entonces me pregunto: “¿Por qué no les prometen los 20 ó 25 millones de dólares, incluso hasta más, a los llorones multimillonarios agro-exportadores beneficiados por el actual ATPDEA, no para que no pierdan (porque ganan mucho, como por ejemplo, los floricultores, los cuales gozan de una utilidad de entre un 30% a 40% sobre las ventas, de manera que en el caso de ellos la ausencia de un ATPDEA no les haría ni cosquilla), sino para que sigan ganado gloriosamente como siempre y se le sequen las penosas lágrimas?” (Y al mismo tiempo recordemos que tales subsidios se harían, en el caso de la no firma de un TLC, desde una caja fiscal no afectada por pérdidas arancelarias.) La respuesta es fácil: los agro-exportadores no son idiotas (en el buen sentido de la palabra que le da Joyce de Ginatta a ese epíteto en sus conferencias) y saben perfectamente bien que tales promesas son ficciones de oportunistas, que son un amague, un finteo, una trampa, sólo para aquellos humildes ciudadanos susceptibles a las mentiras y los subterfugios, a cual grupo ningún agro-exportador pertenece.”
Pero ya dejamos todos nosotros de ser susceptibles a las mentiras y los subterfugios. Ahora que ellos caminen con nuestras sandalias y experimenten las peripecias de la vida cuando no se tiene cogido el sartén por el mango.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Prensa: primer culpabable de la prohibición de la exportación del arroz
Prensa: primer culpable de la prohibición de la exportación del arroz
Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que aguanta la pata. Este es el caso con la resolución ministerial de prohibir la venta de arroz hacia el vecino país colombiano. La Prensa aguijoneó tanto al gobierno con respecto al alza de precio de los productos clásicos de la canasta básica ecuatoriana, en particular, el arroz, lo asustó tanto con las repercusiones políticas y electorales posibles sobre el pueblo consumidor, es decir, inyectó tanta sensibilidad al tema que llevó al Ministro de Agricultura Carlos Vallejo a resolver detener las exportaciones de la gramínea hacia la nación del norte. Y esto, con toda la honestidad del caso, ha sido un tamaño “error no forzado” por parte del gobierno en el tenis político-económico ecuatoriano.
En el tenis se distinguen los errores de los “errores no forzados”. ¿Qué es un “error no forzado” en dicho deporte? Aquel que se comete por “nerviosismo”. Y esto es lo que ha sucedido aquí. Can gran astucia la Prensa metió tanta leña en el fuego de la subida de precios de la canasta básica que le alteró los nervios al gobierno y trastornó su pensar. El gobierno actual es un gran defensor de los intereses del sector agrícola, especialmente, el de los campesinos y pequeños y medianos agricultores. Pero la Prensa exageró las cosas, las puso bajo una tremenda lupa para generar la chispa que comenzará el incendio. Ahora los verdaderos arroceros estamos pagando las consecuencias del morbo periodístico.
También contribuyó con algo de combustible para el flagelo una agrupación de “industriales”, los cuales de repente y curiosamente han desarrollado una profunda animadversión hacia los empresarios arroceros colombianos que han venido al país para comprar y llevar nuestra gramínea a su país. ¡Lo que es el tiempo y la mala memoria! Recuerdo que hace sólo un tiempito atrás estos mismos “industriales” (y digamos la “plena”: algunos de ellos no son ni eso, sino meros comerciantes o comisionistas ecuatorianos que presumen ser capitanes de grandes industrias puertas afuera para el consumo mediático) tendían una espesa alfombra roja al empresariado colombiano arrocero, lo invitaban a dormir en sus casas, y hasta fungían servilmente de chóferes para los movimientos turísticos de sus huéspedes dentro del país.
Pero lo que pasaba era que en aquellos tiempos dorados estos señores colombianos les compraban a dichos industriales (y no tan industriales) ecuatorianos. Ahí los colombianos eran buenos. Ahora que el importador colombiano decidió extirpar la intermediación e incursionar “derechito” al campo y comprar directamente, “pelo a pelo”, al agricultor, y a mejores precios de lo que compraban los industriales criollos, los vecinos del país norteño se convierten para sus antiguos aliados en persona non grata. Es más, de la forma más desfachatada y desleal, estos ciudadanos ecuatorianos acusan a sus colegas colombianos de facilitar “el ingreso de dólares de dudosa procedencia” y de crear “una distorsión en los precios del arroz, arrastrando a la industria ecuatoriana a una crisis y a un futuro desabastecimiento interno.” Si esto es cierto, cuando los ilustres industriales ecuatorianos intermediaban para los “acusados”, ¿no se convertían los partícipes nacionales en cómplices de las “fechorías” de estos extranjeros?
En resumen, diríamos que el Gobierno nunca debió haberle hecho caso a la Prensa ni haber le escuchado a un minúsculo grupo de industriales que hoy por hoy sufren hipócritamente de una xenofobia fuertemente enraizada en la envidia. Ambas entidades distorsionaron la verdad y propiciaron el “error no forzado” del Gobierno que atenta contra el libre comercio, la unión económica entre países hermanos, y el bienestar y desarrollo del sector productor arrocero ecuatoriano. Ahora lo único que puede hacer el Gobierno es rectificar, porque nunca es tarde si la dicha es buena. No sería mala idea convertirse de repente en un Roger Federer y meter un fuerte saque por la “T” o centro y propinar un “ace” ganador. Derogar inmediatamente la medida prohibitoria de la exportación del arroz sería el golpe ideal y vencedor.
Pedro López
Presidente
Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que aguanta la pata. Este es el caso con la resolución ministerial de prohibir la venta de arroz hacia el vecino país colombiano. La Prensa aguijoneó tanto al gobierno con respecto al alza de precio de los productos clásicos de la canasta básica ecuatoriana, en particular, el arroz, lo asustó tanto con las repercusiones políticas y electorales posibles sobre el pueblo consumidor, es decir, inyectó tanta sensibilidad al tema que llevó al Ministro de Agricultura Carlos Vallejo a resolver detener las exportaciones de la gramínea hacia la nación del norte. Y esto, con toda la honestidad del caso, ha sido un tamaño “error no forzado” por parte del gobierno en el tenis político-económico ecuatoriano.
En el tenis se distinguen los errores de los “errores no forzados”. ¿Qué es un “error no forzado” en dicho deporte? Aquel que se comete por “nerviosismo”. Y esto es lo que ha sucedido aquí. Can gran astucia la Prensa metió tanta leña en el fuego de la subida de precios de la canasta básica que le alteró los nervios al gobierno y trastornó su pensar. El gobierno actual es un gran defensor de los intereses del sector agrícola, especialmente, el de los campesinos y pequeños y medianos agricultores. Pero la Prensa exageró las cosas, las puso bajo una tremenda lupa para generar la chispa que comenzará el incendio. Ahora los verdaderos arroceros estamos pagando las consecuencias del morbo periodístico.
También contribuyó con algo de combustible para el flagelo una agrupación de “industriales”, los cuales de repente y curiosamente han desarrollado una profunda animadversión hacia los empresarios arroceros colombianos que han venido al país para comprar y llevar nuestra gramínea a su país. ¡Lo que es el tiempo y la mala memoria! Recuerdo que hace sólo un tiempito atrás estos mismos “industriales” (y digamos la “plena”: algunos de ellos no son ni eso, sino meros comerciantes o comisionistas ecuatorianos que presumen ser capitanes de grandes industrias puertas afuera para el consumo mediático) tendían una espesa alfombra roja al empresariado colombiano arrocero, lo invitaban a dormir en sus casas, y hasta fungían servilmente de chóferes para los movimientos turísticos de sus huéspedes dentro del país.
Pero lo que pasaba era que en aquellos tiempos dorados estos señores colombianos les compraban a dichos industriales (y no tan industriales) ecuatorianos. Ahí los colombianos eran buenos. Ahora que el importador colombiano decidió extirpar la intermediación e incursionar “derechito” al campo y comprar directamente, “pelo a pelo”, al agricultor, y a mejores precios de lo que compraban los industriales criollos, los vecinos del país norteño se convierten para sus antiguos aliados en persona non grata. Es más, de la forma más desfachatada y desleal, estos ciudadanos ecuatorianos acusan a sus colegas colombianos de facilitar “el ingreso de dólares de dudosa procedencia” y de crear “una distorsión en los precios del arroz, arrastrando a la industria ecuatoriana a una crisis y a un futuro desabastecimiento interno.” Si esto es cierto, cuando los ilustres industriales ecuatorianos intermediaban para los “acusados”, ¿no se convertían los partícipes nacionales en cómplices de las “fechorías” de estos extranjeros?
En resumen, diríamos que el Gobierno nunca debió haberle hecho caso a la Prensa ni haber le escuchado a un minúsculo grupo de industriales que hoy por hoy sufren hipócritamente de una xenofobia fuertemente enraizada en la envidia. Ambas entidades distorsionaron la verdad y propiciaron el “error no forzado” del Gobierno que atenta contra el libre comercio, la unión económica entre países hermanos, y el bienestar y desarrollo del sector productor arrocero ecuatoriano. Ahora lo único que puede hacer el Gobierno es rectificar, porque nunca es tarde si la dicha es buena. No sería mala idea convertirse de repente en un Roger Federer y meter un fuerte saque por la “T” o centro y propinar un “ace” ganador. Derogar inmediatamente la medida prohibitoria de la exportación del arroz sería el golpe ideal y vencedor.
Pedro López
Presidente
Asociación Riosense de Arroceros y Soyeros
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